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Masiosare - La
Jornada Zedillo no quiere saber de México
Su pasado lo persigue.
Ya ni en el Westin Convention Center en Pittsburgh, Pennsylvania, puede
andar tranquilo. El pasado 19 de abril,
Zedillo caminaba por el pasillo del centro de convenciones, rumbo a la
reunión anual del gigante del aluminio, pues es miembro de su junta
directiva (una de sus nueve chambas, por la que percibe 150 mil dólares
al año). Quizá el ex presidente cavilaba sobre su próximo
artículo globalifílico, cuando fue interceptado por tres
obreros mexicanos: Amparo Reyes, Carlos Briones y Amador Tovar. "Por
ser usted mexicano, y asesor de la compañía -le explicaron-,
queremos plantearle la situación laboral que vivimos en las plantas
de Alcoa en Piedras Negras, Coahuila". Zedillo, aunque visiblemente
molesto por la interrupción, se detuvo a escucharlos. Tras la explicación,
el ex presidente se limitó a contestar: "Los problemas se
arreglan en México, pero voy a investigar". Y siguió
su camino hacia la reunión. El 24 de abril, los
ejecutivos y accionistas que se reunieron con los trabajadores, mostraron
mucho más interés que el evasivo ex presidente. La reunión
duró seis horas. "Hubo buena disposición", comenta
Julia Quiñónez, del Comité Fronterizo de Obreros.
Los ejecutivos escucharon a los obreros y les aseguraron que ellos quieren
que la compañía tenga "una buena imagen" y que
"toda la gente practique los principios de Alcoa", entre los
cuales está la libertad sindical. "Se les ha dicho a los gerentes
de Piedras Negras que no intervengan en la vida sindical", dijeron.
"Pues entonces hay un problema de comunicación Queremos que nos lo
documenten", dijeron los ejecutivos. ¿Se lavaron las manos?
Está por verse. Por lo pronto, los obreros preparan las evidencias
del apoyo que los gerentes locales dan al dirigente regional de la CTM,
Leocadio Hernández Torres, su charro favorito. *** Los trabajadores de
Alcoa lograron hace unos meses, pese a las presiones, elegir a sus dirigentes
sindicales. Era el primer paso para lograr que les fueran restituidas
prestaciones eliminadas del contrato con la anuencia Leocadio. Mientras los trabajadores
mexicanos difundían su caso en escuelas de Pennsylvania, con el
apoyo del sindicato estadunidense Steel Workers, en Coahuila el charro
Leocadio los acusaba de realizar viajes de placer. Chacho
y el Ombligo Verde Chacho es el sobrenombre
de Juan Ignacio García Zalvidea, presidente municipal de Cancún,
quien tras un complicado proceso pudo al fin asumir su cargo luego de
que su triunfo fuera impugnado por el PRI y el PRD. El Ombligo Verde es
uno de los poquísimos espacios que de ese color le quedan a la
mancha urbana del destino turístico. El caso es que Chacho
recibió como herencia de su antecesora, la priísta Magaly
Achach, una papa caliente: la determinación ilegal de donar terrenos
públicos a la prelatura Cancún-Chetumal de la iglesia católica,
a cargo de los Legionarios de Cristo. En la víspera de dejar el
poder, la alcaldesa quiso hacer una última trampa al votar en el
cabildo la donación. Pero le falló: no votaron en favor
más de dos tercios de los regidores, como establece la ley. En
fin, el enredo va para largo por la oposición de un buen número
de vecinos. "La Catedral puede moverse, el Ombligo Verde no",
es su consigna. |