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Masiosare - La Jornada
Abril 28, 2002

Zedillo no quiere saber de México

Su pasado lo persigue. Ya ni en el Westin Convention Center en Pittsburgh, Pennsylvania, puede andar tranquilo.

El pasado 19 de abril, Zedillo caminaba por el pasillo del centro de convenciones, rumbo a la reunión anual del gigante del aluminio, pues es miembro de su junta directiva (una de sus nueve chambas, por la que percibe 150 mil dólares al año). Quizá el ex presidente cavilaba sobre su próximo artículo globalifílico, cuando fue interceptado por tres obreros mexicanos: Amparo Reyes, Carlos Briones y Amador Tovar. "Por ser usted mexicano, y asesor de la compañía -le explicaron-, queremos plantearle la situación laboral que vivimos en las plantas de Alcoa en Piedras Negras, Coahuila". Zedillo, aunque visiblemente molesto por la interrupción, se detuvo a escucharlos. Tras la explicación, el ex presidente se limitó a contestar: "Los problemas se arreglan en México, pero voy a investigar". Y siguió su camino hacia la reunión.

El 24 de abril, los ejecutivos y accionistas que se reunieron con los trabajadores, mostraron mucho más interés que el evasivo ex presidente. La reunión duró seis horas. "Hubo buena disposición", comenta Julia Quiñónez, del Comité Fronterizo de Obreros. Los ejecutivos escucharon a los obreros y les aseguraron que ellos quieren que la compañía tenga "una buena imagen" y que "toda la gente practique los principios de Alcoa", entre los cuales está la libertad sindical. "Se les ha dicho a los gerentes de Piedras Negras que no intervengan en la vida sindical", dijeron. "Pues entonces hay un problema de comunicación
-respondió un trabajador- porque los gerentes no están llevando a cabo sus principios".

Queremos que nos lo documenten", dijeron los ejecutivos. ¿Se lavaron las manos? Está por verse. Por lo pronto, los obreros preparan las evidencias del apoyo que los gerentes locales dan al dirigente regional de la CTM, Leocadio Hernández Torres, su charro favorito.

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Los trabajadores de Alcoa lograron hace unos meses, pese a las presiones, elegir a sus dirigentes sindicales. Era el primer paso para lograr que les fueran restituidas prestaciones eliminadas del contrato con la anuencia Leocadio.
La batalla sigue. El 25 de marzo, la trabajadora Amparo Reyes fue despedida (cuatro días antes había asistido a una reunión con altos ejecutivos de Alcoa) junto con otros cinco obreros y el comité democrático no es reconocido por los ejecutivos locales de Alcoa.

Mientras los trabajadores mexicanos difundían su caso en escuelas de Pennsylvania, con el apoyo del sindicato estadunidense Steel Workers, en Coahuila el charro Leocadio los acusaba de realizar viajes de placer.
Pese a que temen represalias, los trabajadores creen que su única opción ahora es abandonar la CTM y crear un sindicato de empresa. "Mientras no cambie la dirigencia sindical, no van a haber cambios de fondo", dice Julia Quiñónez.

Chacho y el Ombligo Verde

Chacho es el sobrenombre de Juan Ignacio García Zalvidea, presidente municipal de Cancún, quien tras un complicado proceso pudo al fin asumir su cargo luego de que su triunfo fuera impugnado por el PRI y el PRD. El Ombligo Verde es uno de los poquísimos espacios que de ese color le quedan a la mancha urbana del destino turístico.

El caso es que Chacho recibió como herencia de su antecesora, la priísta Magaly Achach, una papa caliente: la determinación ilegal de donar terrenos públicos a la prelatura Cancún-Chetumal de la iglesia católica, a cargo de los Legionarios de Cristo. En la víspera de dejar el poder, la alcaldesa quiso hacer una última trampa al votar en el cabildo la donación. Pero le falló: no votaron en favor más de dos tercios de los regidores, como establece la ley. En fin, el enredo va para largo por la oposición de un buen número de vecinos. "La Catedral puede moverse, el Ombligo Verde no", es su consigna.
¿Y el Chacho? Abanderado del Partido Verde Ecologista de México tiene la oportunidad de probar si deveras es verde.

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