Por los derechos humanos y laborales de los trabajadores de las maquiladoras
 
Inicio | CFO en los medios | English
   

Daily Texan - Top Stories
Febrero 13, 2004

Trabajadores resisten condiciones de trabajo severas

Por Brian Chasnoff

Nota del Editor: Los nombes de los trabajadores fueron cambiados debido a amenazas y acoso recibidos por parte de supervisores, incluyendo el uso de listas negras y amenazas dirigidas a las familias de los trabajadores.

Al otro lado del Rio Grande Diana Abrego dijo que la división de agua es llamada en México, Rio Bravo porque hay que ser muy bravo para ganarle a las fuertes corrientes del río.

Desde su casa en Del Rio, Texas, Diana Abrego puede ver las verdes montañanas de Ciudad Acuña levantándose en el valle del Rio Grande.

Abrego trabaja en la Clínica de Inmigración de San José, adonde ayuda a familias de inmigrantes - muchas de las cuales acaban de cruzar el Río Grande hacía los Estados Unidos. Ella tiene muchos clientes, a lo mejor debido a la creciente ola de inmigrantes mexicanos a los Estados Unidos en la última década. El número de mexicanos indocumentados en los Estados Unidos subió de 2 millones en 1990 a un estimado de 4.8 millones en el 2000.

En la clinica, Abrego se encuentra con muchos ex-trabajadores de maquiladoras de Acuña y escucha muchas historias.

"Hay muchas violaciones en las maquiladoras", dijo Abrego. "Es repugnante".

Una de las clientes de Abrego salió embarazada de un supervisor de planta quién la forzó a que tuviera un aborto. Abrego dijo que la mayoría de las trabajadoras de maquiladora son "sólo parte de una maquinaria" a las que no les dan valor humano.

Albert Valdez vive a pocas cuadras de Abrego. Él trabaja para Dylsa, una compañía mexicana que subcontrata una maquiladora en Acuña con Interior Automotive of America, de Michigan. Valdez se gana $40,000 dólares al año como supervisor de la fábrica, la cual produce cubiertas para asientos de automóbiles. Él dice que en esa planta ocurren muy pocos casos de acoso.

"El personal está estrictamente instruido para no acosar", dijo.

Los trabajadores tienen su propio parque con asadores y cabañas, reciben bonos, cuentas de ahorro que acumulan intereses y 30 minutos para almorzar en la cafeteria de la planta.

Ganan un salario de entre $5.50 y $6.50 dólares diarios.

"Los salarios han subido (?)", dijo Valdez.

Hace poco una compañía compró Dylsa. Valdez dijo que le dejaron el nombre viejo para evitar pagar indemnizaciones a los trabajadores que perdieron su antigüedad.

Otra compañía que opera en Acuña es Alcoa Fujikura Ltd., la cual tiene 11 plantas de maquiladoras en Acuña solamente y donde más de 15,000 trabajadores hacen cableados de electricidad para manufactureras de automóbiles en los Estados Unidos.

El Comite Fronterizo de Obreros describe una de las políticas de Alcoa que prohíbe a los trabajadores ir al baño más de dos veces al día. Ellos dicen que a los trabajadores les da miedo pedir permiso, algunas veces tienen que ponerse humillantes carteles alrededor del cuello indicando si han ido "número uno" o"número dos". Otras veces, dijo el CFO, se les permite ir solamente si aceptan hacerle favores sexuales a los supervisores.

De acuerdo a un reporte de Comité Nacional Laboral (NLC por sus siglas en inglés), los salarios de Alcoa en México van de $57,55 a $86,58 dólares semanales. Acuña es una zona libre de sindicatos, de manera que los únicos representantes de los trabajadores son los miembros de la Confederacion de Trabajores Mexicanos, el sindicato laboral institucionalizado. El reporte del NLC dice que la CTM de Alcoa, como máximo lleva a cabo una reunión al año, en la cual nada sustancial sucede.

Los trabajadores de Alcoa en Acuña han retado repetidamente las políticas de la administración. En Julio del 2000 establecieron el Comité de Trabajadores. Aún cuando no estaba legalmente reconocido, el comité funcionó como un sindicato representando a los trabajadores. En Octubre, en respuesta a la ruptura de un acuerdo por parte del presidente de Alcoa de aumentar los salarios, cientos de trabajadores se salieron de la planta y se congregaron en el estacionamiento. La policía les tiró gases lacrimogenos y muchos trabajadores fueron despedidos; más sin embargo, la protesta se esparció y en Noviembre los trabajadores ganaron un aumento del 30 porciento de sus salarios.

Tres meses después cuando Alcoa rehusó aumentar los salarios en cumplimiento a un mandato gubernamental que declaraba 10 porciento de aumento para toda la fuerza laboral, el comité de trabajadores objetó de nuevo. Alcoa no se inmutó; en Agosto del 2001 despidió a los miembros del comité. Unos días después, 186 trabajadores más fueron despedidos bajo sospechas de simpatizar con los despedidos líderes del sindicato.

Según el reporte del NLC, muchos de los trabajadores despedidos no han podido conseguir trabajo en ninguna de las 50 maquiladoras de Acuña.

A Abrego no le sorprendren tales reportes.

"Las éticas de conglomerados globales es dar lo menos posible y quitar lo más posible de lo que sea políticamente aceptable", dijo ella.

Sin embargo, Alcoa ha dado recientemente algo substancial. Este año la compañía construyó un refugio para inmigrantes desamparados en Acuña y proporcionó un otorgamiento de $3,000 dólares a la Casa de la Cultura, un centro cultural en Del Rio.

Tales momentos de generosidad, sin embargo, han hecho muy poco para mejorar la opinión de Abrego sobre las corporaciones transnacionales en México. Ella recientemente participó en una protesta contra el Tratado de Libre Comercio de las Américas (FTAA por sus siglas en inglés), un tratado que si llega a ser aprobado, expandirá el poder del libre comercio desde Canadá hasta todas las Américas. Según Lori Wallach, directora del Global Trade Watch, los negociadores Estadunidenses han dicho que ellos ven a CAFTA como un modo de avanzar en las negociaciones del FTAA. Junto con varios trabajadores, Abrego ayudó a que cerraran el puente a Del Rio.

Abrego recuerda a algunos choferes de camiones que gritaban: "¡Idiotas, estúpidos esto es lo que los mantiene!". Dijo que un trabajador de maquiladoras le contestó: "¿Si, pero a qué precio?".

Durante la protesta, Abrego dijo que había mucho miedo.

"Las mujeres tenían tanto miedo que se cubrían la cara, tenían miedo de perder sus trabajos", dijo.


Una Familia

Las calles de Acuña no son muy diferentes de las de Nuevo Laredo, son rudimentarias y sin pavimento, delineadas con casas hechas de materiales baratos como láminas de metal, parches de caucho y pedazos de madera. Algunas casas están construidas enteramente de cartón. Otras son literalmente oxidados carros de tren en abandonas carrileras.

Una de las casas pertenece a Enrico Sánchez, un empleado de Alcoa.

Sánchez es delgado con bigotes negros. Parado en medio de la sala de la pequeña casa que fue construida por el gobierno mexicano, rodeado de sus tres hijos, su esposa y dos estadounidenses - uno con un cuaderno y otro con una camára - que le hacen preguntas acerca de su vida. No levanta los ojos del piso cuando contesta.

Sánchez dijo que paga al gobierno una renta mensual por la propiedad de la casa, pero piensa que pasará muchísimo tiempo antes que termine de pagarla. Su salario de cerca de $70 dólares semanales ha aumentado muy poco en los 12 años que ha trabajado en Alcoa. Dijo que su familia sólo compra lo más necesario.

Para Sánchez su trabajo es muy importante porque recibe beneficios médicos que dos de sus hijos necesitan desesperadamente. Su hijo y su hija mayor nacieron con la misma enfermedad debilitante de la espina dorsal que ha hecho que sus cuerpecitos esten permanentemente inmobilizados. Actualmente ellos se sientan en carísimas sillas de ruedas que una organización sin fines de lucro de Austin les dió recientemente. Ellos mueven sus agrandadas cabezas hacía los estadounidenses y sonrien. La hija pequeña de Sánchez de 4 años de edad corretea alrededor del cuarto, hablando, riendose y jugueteando.

En pocos minutos la esposa de Sanchez tiene que irse a trabajar en la misma planta de Alcoa donde él trabaja. Ellos trabajan en diferentes turnos para que haya alguien siempre en la casa con los niños.

Antes de salir, Alicia les cuenta historias estadunidenses.

Ella cuenta que recientemente su amiga sufrió un aborto luego de ser forzada a hacer trabajo pesado en la planta de Alcoa. Ella dice que los supervisores de Alcoa son entrenados para maltratar a los trabajadores y describe un incidente que ocurrió hace unos días - un técnico se murió electrocutado al tocar unos cables vivos de alta intesidad, aún cuando Alcoa afirma que murió de causas naturales.

"Los trabajadores vieron su cuerpo explotar", dijo Alicia. "La comunidad tuvo que pagar por los funerales".

Ella dijo que Alcoa le pagó a la esposa del trabajador muerto una fuerte suma de dinero para que se quedara callada pero la viuda todavía esta pensando en poner una demanda. Alcoa está actualmente despidiendo a sus trabajadores, dijo, y cientos ha sido despedidos en las últimas semanas.

Sánchez tiene miedo de perder su trabajo. Cuando el CFO viene a hablarle, él se rehusa para no crear problemas. No puede darse el lujo de perder su seguro médico.

Su esposa se va a otro día de trabajo en la planta ensambladora. Eventualmente los estadunidenses se van también, pasando por un terreno arenoso donde uno niños juegan fútbol, pasan ante una tambaleante iglesia hecha de láminas de metal y paletas de madera, pasan frente a perros, gallos y casas de cartón, cruzan el peligroso Rio Grande de regreso a los Estados Unidos.


Ir arriba