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The Kansas City Star
Jueves Julio 1, 1993

Trabajadoras mexicanas ponen a ‘Maquiladoras' en la mira
Condiciones en las plantas de propiedad extranjera son comparables a las fábricas estadounidenses del siglo 19

Por Paul E. Brink

“Siempre quise trabajar para una compañía estadounidense porque tenía la idea de que esas compañías tendrían buenas condiciones de trabajo, pero cuando comencé mis sueños estaban muy lejos de la realidad”.

María Guadalupe Torres, una organizadora de mujeres que trabajan en la plantas de ensamblaje mayormente de propiedad estadounidense al cruzar la frontera U.S.A.-México, se dedica a hacer esos sueños una realidad.

Nacida en 1944, Torres creció en las casuchas de las familias que viven sobre la carrilera del tren donde su madre trabajaba como doméstica. Su padre murió cuando ella era muy pequeña y después de terminar el tercer grado a la edad de 10 años, ayudaba a su madre a limpiar casas y cuidar niños.

Madre e hija cruzaron la frontera por Brownsville, Texas, en 1960. Ambos trabajaron como domésticas internas. El primer trabajo de Torres fue de niñera ganando $8 semanales.

Trabajaron en Brownsville o en el cercano Harlingen hasta que María Guadalupe tenía más o menos 25 años. En esa época, consiguió trabajo en una alfarería en la ciudad fronteriza mexicana de Matamoros. Cuando comenzó le dijeron que no le iban a pagar la primera semana porque era de “entrenamiento”.

Torres enfrentó al dueño por su parte y por parte de otros trabajadores, quien cedió, concediéndoles sus “derechos” a ser pagados, María Guadalupe Torres había ganado su primera victoria laboral.

Ella comenzó a trabajar en una “maquiladora” (planta ensambladora) en 1969. La compañía fue Kemet, propiedad de Union Carbide. Su trabajo era lavar capacitadores, sin guantes, en cloro metileno, un solvente volátil que ha sido ligado a defectos de nacimiento, cáncer y daños al hígado. Algunas veces sin mucho éxito, ella preguntaba acerca de las leyes laborales federales que cubrían la salud, equipos de seguridad y capacitación.

En 1981, Torres asistió a una reunión realizada por el Proyecto de la Frontera del Comité de Servicio de los Amigos Americanos, el cual organiza y educa a trabajadoras de maquiladoras acerca de sus derechos bajo las leyes laborales mexicanas. Desde entonces ella es una organizadora. Renunció a su trabajo de seis años con Kemet para comenzar a organizar a tiempo completo.

Las corporaciones estadounidenses describen la explosión de las maquiladoras como un resonante éxito en la empobrecida fuerza laboral mexicana. El punto de vista de Torres contrasta agudamente, las maquiladoras dice ella, sirven como un imán para atraer miles de trabajadores – mayormente jovencitas – del interior de México, trayendo un crecimiento irregular de plantas y poniendo una tremenda presión a la limitada infraestructura de los pueblos fronterizos.

Solo algunas de las compañías mayormente de propiedad estadounidense que operan más de 2,000 plantas maquiladoras obedecen las leyes laborales, de salud y seguridad mexicanas. María Guadalupe describe condiciones de trabajo que hacen recordar a las fábricas estadounidenses del siglo 19.

“No es suficiente para las maquiladoras venir a México a explotar la mano de obra barata”, dice. “Están arruinando el medio ambiente y enfermando a las trabajadoras, particularmente con problemas en el sistema reproductivo”.

Torres habla de mujeres respirando humo de soldadura, sin ellas saber que el plomo puede causar defectos de nacimiento. Las etiquetas de advertencia están solo en inglés.

Estas instalaciones de propiedad extranjera, esta ella convencida, no tienen ningún compromiso por el bienestar y la salud de la fuerza laboral mexicana: “El día que vea que las plantas están realmente limpiando la contaminación, entonces creeré que van a hacer algo”.

El los últimos 14 años, alrededor de 10,000 mujeres en seis ciudades fronterizas mexicanas se han unido al trabajo del Proyecto de la Frontera de AFSC, formando su propia organización, el Comité Fronterizo de Obreras.

Con la ayuda de organizadoras a tiempo completo como Torres, trabajadoras en algunas plantas han logrado pequeñas pero significativas victorias. Han recuperado pagos por horas extras, mejorado substancialmente sus condiciones de trabajo y disminuido la intimidación y maltrato por parte de los supervisores.

“Para mí aprender sobre las leyes laborales mexicanas fue como abrir una puerta”, dice Torres, quien pone en claro que las mujeres no están tratando de cerrar las plantas – ellas necesitan sus trabajos desesperadamente, sólo quieren proteger su salud y la de sus hijos y comunidades para mantener algo tan fundamental como es su dignidad.

El gobierno mexicano necesita hacer cumplir sus leyes ambientales y laborales. Pero la mayor responsabilidad yace en las compañías estadounidenses que han abandonado a trabajadores y comunidades en ciudades como Buffalo, Detroit, Los Ángeles y Raleigh. Las multinacionales estadounidenses aumentan sus ganancias a costa de los trabajadores tanto de México como de Estados Unidos.

Torres se ha reunido con varios delegados del congreso de Estados Unidos que están investigando abusos por parte de las maquiladoras manufactureras. Ella ha llevado a representantes en giras, dramatizando gráficamente la necesidad de los trabajadores por protecciones a la seguridad de la salud y de los salarios en el propuesto Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La pregunta que queda es si el TLCAN reconocerá y protegerá la dignidad, salud y futuro de las jóvenes mexicanas. María Guadalupe Torres continua su trabajo hacía esa meta.

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www.cfomaquiladoras.org es producido en colaboración con el
Programa de la Frontera México-Estados Unidos
del Comité de Servicio de los Amigos (AFSC)

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