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Pittsburgh Post Gazzette
Viernes 19 de abril, 2002

Trabajadores mexicanos planean hacer una protesta este día en la reunión anual de Alcoa

Por Jim McKay, mesa de redacción del Post-Gazette

Amparo Reyes vino de México para pararse afuera de un hotel de Pittsburgh esta mañana y cuestionar a accionistas de Alcoa sobre las condiciones de trabajo en las fábricas de la compañía al sur de la frontera.

Reyes es una de los varios cientos de trabajadores mexicanos que han sido despedidos en el ultimo año en medio de conflictos laborales en Alcoa Fujikura, un productor de arneses que se usan en los sistemas eléctricos de autos, camionetas y máquinas para la agricultura. Hablando a través de un intérprete, Reyes dijo que su despido vino después de que pidió una mejor paga -el promedio actual de los salarios es de unos $10 dólares diarios- y mejores condiciones en el trabajo.

"Nosotros no estamos contra las compañías de Estados Unidos", dijo ayer Reyes, una madre soltera con dos hijos. "Nosotros las queremos (en México), pero queremos que paguen un salario que sea adecuado a nuestras necesidades y que nos respeten como seres humanos que somos. Eso es lo único".

Alcoa Fujikura Ltd., un negocio conjunto con Fujikura Ltd., de Japón, emplea 28 mil personas en seis lugares cerca de la frontera México-Estados Unidos. El vocero Jake Siewert dijo que las plantas eran extremadamente seguras y que la compañía paga salarios muy por encima del mínimo requerido y más de lo que pagan otras fábricas similares en la región.

La mayoría de los empleados, dijo, están muy contentos de trabajar para Alcoa. "Nosotros hemos hecho un esfuerzo concertado para mejorar la seguridad" dijo Siewert. "Somos probablemente el empleador de esta clase de manufactura que más paga".

Siewert dice que las plantas de Alcoa son "de primera clase", pero reconoce que las condiciones de vida en las áreas residenciales cerca de las fábricas necesitan mejoras, lo que es una razón por lo que la fundación Alcoa ha donado $2 millones de dólares en cinco años para fomentar el servicio médico local cerca de las fábricas.

"Estamos tratando de trabajar con el gobierno para asegurar que los impuestos que pagamos regresen a esas comunidades" dijo. "¿Pero hemos sido cien por cien exitosos en mejorar la infraestructura afuera de las puertas de las plantas? No. Pero es algo en lo que nosotros trabajamos todo el tiempo".

El viaje al norte de Reyes, del líder sindical recientemente elegido Carlos Briones, y de Amador Tovar Santos, otro trabajador despedido, fue auspiciado por el Sindicato de Trabajadores Unidos del Acero. Ellos planean protestar afuera del Westin Convention Center, en el centro de la ciudad, antes del inicio de la reunión anual de Alcoa a las 9:30 a.m.

USWA, que representa a trabajadores de Alcoa en Estados Unidos pero no en México, sostiene que Alcoa Fujikura llamó a la policía armada en un incidente para despedir a 186 trabajadores mexicanos luego de una serie de interrupciones en el piso, incluyendo un paro por salarios en una planta y una huelga de hambre de dos mujeres que protestaban las labores asignadas a las empleadas embarazadas.

Alcoa puso y luego quitó unas demandas que perseguían millones de dólares a nueve líderes de un comité de trabajadores por producción perdida y daños. Los trabajadores también demandaron a Alcoa en las juntas laborales mexicanas, asegurando que Alcoa eliminó algunas prestaciones que habían sido ganadas por el comité de trabajadores, incluyendo un reparto anual de cobijas como bono de navidad y el transporte proporcionado por la compañía para ir a sus pueblos natales en vacaciones.

Santos, uno de los líderes sindicales que vino a Pittsburgh para la reunión de hoy, dijo que él y otros que fueron despedidos fueron puestos en listas negras para que no trabajaran en otras fábricas de la frontera. Debido a que en México no existe un sistema de compensación por desempleo, la mayoría de los trabajadores despedidos aceptó un paquete de indemnización y se fue.

Gerald D. Fernández, asistente del Presidente de USWA Leo Gerard, dijo que un pequeño número de entre 30 y 40 todavía están aguantando en búsqueda de su propia reinstalación y de otros que fueron despedidos.

"Alcoa, lo digo francamente, está haciendo lo que los empleadores de Estados Unidos hacen", dijo Fernández. "Les dan largas. Ellos pelean y resisten".

En 1996, el entonces Presidente Ejecutivo de Alcoa Paul O'Neill fue cuestionado en una reunión anual por manifestantes mexicanos que se quejaron de los bajos salarios, condiciones laborales por debajo de las normas, y por accidentes en el trabajo.

En esa ocasión, O'Neill dijo a los accionistas que las acusaciones de que las plantas eran inseguras no eran verdad, y se ofendió por lo que consideró un ataque a la integridad de Alcoa. Él se defendió diciendo que los salarios pagados en México estaban entre los más altos en ese país. Pero unos cuantos meses después, en julio de 1996, el más alto ejecutivo de Alcoa Fujikura, Robert H. Barton III, fue forzado a renunciar porque no informó a la sede de Alcoa en Pittsburgh de tres accidentes en los cuales varios cientos de trabajadores fueron tratados en hospitales por exposición a monóxido de carbono.

Como lo hicieron en 1996, los manifestantes de hoy consideran infrahumanas las condiciones de vida de los mexicanos que trabajan en las fábricas que han florecido a todo lo largo de la frontera con Estados Unidos.

Briones, un líder recientemente elegido en un sindicato oficial de una planta cruzando la frontera de Eagle Pass, Texas, dijo que los trabajadores mexicanos con frecuencia complementan sus salarios cruzando a los Estados Unidos para donar sangre a una compañía farmacéutica a cambio de un pago de $10 a $20 dólares.

Muchos trabajadores de Alcoa Fujikura y sus familias viven en pequeñas chozas de piso sucio construidas a veces con cartón y listones de madera que sobran en las fábricas, dijo Charles Kernaghan, director ejecutivo del Comité Nacional Laboral para los Derechos Humanos y del Trabajador.

Kernaghan, que es ampliamente conocido como opositor de las fábricas de explotación, escribió un reporte sobre las condiciones de los empleados de Alcoa en México. En él dice que las familias a veces comparten una llave de agua afuera de sus casas y deben comprar agua potable en recipientes. No existen drenajes ni recolección de basura, dijo.

"Esta millonaria corporación transnacional está siendo muy dura con gente que vive en chozas lodosas".

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