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The Philadelphia
Inquirer
Trabajadoras mexicanas comienzan a defenderse Por Julia C. Martínez/Periodista del Inquirer REYNOSA, Mexico - Una mujer dando a luz dentro de una fábrica porque los gerentes se rehúsan a llevarla a un hospital. Trabajadores lavándose las manos en cloro metileno, un conocido carcinógeno, para limpiarse la grasa. Mujeres expuestas a químicos peligrosos, dando a luz niños con defectos. Desperdicios químicos de fábricas flotando en enlodadas calles cerca de los hogares de los trabajadores. Estos son sólo algunos de los argumentos que el Comité de Servicio de los Amigos, con sede en Filadelfia, ha documentado en los pasados 15 años en maquiladoras, fábricas de propiedad extranjera, creadas para tomar ventaja de la mano de obra barata mexicana. Y estas son las circunstancias en que la organización Cuáquera ha estado trabajado, al educar a los trabajadores sobre sus derechos e intercediendo para ayudarles a mejorar sus condiciones de vida y trabajo. "Cuando los trabajadores vienen a las maquiladoras, entran en un mundo completamente distinto a cualquier otro lugar que ellos han estado jamás", dijo Primitivo Rodríguez, director del programa de la frontera U.S.-México de la organización Cuáquera. "Ellos no saben de los abusos. No saben de nada". A pesar que muchas corporaciones tales como General Motors, son conocida por tener fábricas limpias y seguras, y tienen reputación de tratar bien a sus trabajadores, muchas otras compañías consistentemente violan las leyes mexicanas, dice Rosemary R. Miranda, una abogada de McAllen, Texas, que trabaja con el proyecto de México del AFSC. Desde 1976 el AFSC ha estado documentando casos de abuso e injusticias y condiciones de trabajo inseguras en plantas de ensamblaje en la frontera. A través de sus esfuerzos, las condiciones en algunas fábricas han mejorado, dijo. "Tengo el presentimiento que estas corporaciones son compañías buenas en los Estados Unidos, pero en cuanto cruzan la frontera creen que pueden hacer lo que quieran", dijo Miranda. Pero Robert L. González, presidente del Consejo de Desarrollo Económico en Brownsville, Texas, el cual promociona a las maquilas, dice: "Muchas de éstas plantas son nuevas e incluso más bonitas que algunas plantas en U.S.A., las cuales son viejas, sucias e inseguras. Decir que (las plantas mexicanas) son inseguras no es verdad". Sin embargo, dijo Miranda, a una planta en Reynosa le tomó 20 años para cambiar la manera en que los trabajadores lavaban componentes electrónicos sensitivos sin poner sus manos en solventes químicos. Debido a la presión de jóvenes trabajadoras, educadas por el AFSC sobre las leyes, el verano pasado, la compañía cambió sus métodos. Algunas de las quejas más frecuentes tienen ver con trabajo obligatorio de horas extras, despidos arbitrarios, pagos incompletos y explotación de mujeres, dijo ella. El gobierno mexicano comenzó el programa de las maquilas en 1965 para darle empleo a más de 180,000 residentes de la frontera que se quedaron sin trabajo cuando los Estados Unidos terminó con el programa de braceros, o trabajadores agrícolas. A los trabajadores mexicanos se les permitió trabajar para compensar por la escasez de trabajadores en los Estados Unidos durante la segunda guerra mundial, pero en 1964, bajo la presión de los sindicatos de trabajo, E.U. canceló el programa. Sin embargo, sus críticos se quejan de que las maquilas no están proporcionando trabajos para los trabajadores agrícolas mexicanos, hombres en su mayoría. En cambio, las plantas han empleado mayoritariamente a mujeres jóvenes entre 16 y 23 años de edad. Esa proporción ha cambiado un poco en los últimos años, a medida que industrias pesadas se han mudado a México: en los setentas, solamente una quinta parte de los trabajadores eran hombres, hoy son casi una tercera parte, de acuerdo con el Banco de Reserva Federal de Dallas. Rodríguez dijo que las compañías prefieren mujeres porque ellas están dispuestas a trabajar por menos salario y es menos probable que se sindicalicen al contrario que los hombres o a quejarse por las condiciones de trabajo. Para muchas mujeres jóvenes mexicanas, trabajar en una maquila representa el primer trabajo formal que ellas jamás han tenido. "Ellas se sienten agradecidas de tener un trabajo, por eso no se quejan si la iluminación es mala o si la ventilación es pobre, o si no pueden ir al baño durante sus descansos porque los únicos dos baños de la planta estaban ocupados", dijo Rodríguez. "Solo dicen que es mala suerte. No se imaginan que están trabajando para una de las compañías más ricas del mundo". A través de reuniones en los hogares de los trabajadores, a lo largo de la frontera, los Cuáqueros tratan de determinar los abusos que ocurren y los educan sobre sus derechos bajo las leyes mexicanas. También ayudan a los trabajadores a formar grupos de apoyo para llevar sus preocupaciones a los gerentes. "La ley es la mejor arma que los trabajadores tienen para mejorar las condiciones", dijo Rodríguez. "No les estamos pidiendo que hagan nada malo, sólo ayudar a las compañías a cumplir con la ley". Al día de hoy, AFSC estima que más de 10,000 trabajadores han estado involucrados con grupos que trabajan sobre derechos laborales. En plantas localizadas principalmente en Matamoros al frente de Brownsville, Texas, los trabajadores han tenido éxito en lograr cambios mayores en algunas fábricas, dijo Rodríguez. Ellos han mejorado salarios, obtenido equipos de seguridad como guantes y lentes, instalación de ventanillas y sistemas de filtrado de aire, y acabado con el tiempo extra gratis. Algunos de los éxitos son atribuidos a los sindicatos laborales, los cuales son más fuertes en Matamoros que en cualquier otra ciudad de la frontera. Pero se necesitan muchos más cambios, dijo Rodríguez. Más de 1,900 plantas de ensamblaje operan en México y se espera que muchas más abran bajo el tratado de libre comercio. "Las compañías asumen que todos los mexicanos pobres necesitan trabajar y que están listos para ser abusados", dijo Rodríguez. "Estamos tratando de cambiar eso" . |