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Univisión.com/
Al Minuto Las maquiladoras
llegan a Denver DENVER, Colorado - La dirigente mexicana Julia Quiñonez, coordinadora nacional del Comité Fronterizo de Obreras de México (CFO) habló en Denver sobre la precaria situación de las mujeres que trabajan en las maquiladoras de la frontera sur del país. Para comprender a las mujeres trabajadoras "Sólo se comprende la magnitud del problema de las trabajadoras mexicanas en las fábricas cuando se escucha a una voz con tanta autoridad como la de Julia Quiñonez", dijo Danielle Short, del Comité de Servicios de Amigos de Estados Unidos (AFSC, en inglés), que organizó la visita de Quiñonez. Short describió a Quiñonez cómo "una osada mujer que, levantándose desde el suelo de una fábrica, ahora ayuda a mejorar las condiciones de vida en todas las maquiladoras". Fue el AFSC el que en 1979 ayudó a crear el CFO, con el propósito de "investigar a las fábricas y educar a la gente" sobre sus derechos. Las maquiladoras no son de ensueño En las últimas tres décadas, la industria de las maquiladoras o plantas de ensamblaje ha registrado un drástico crecimiento en la frontera común entre Estados Unidos y México, y ha creado cientos de miles de puestos de trabajo. Desde hace 15 años Quiñonez dirige el CFO y desde el año pasado Short y Quiñonez cooperan para "concientizar a la opinión pública estadounidense sobre los problemas de las maquiladoras". "Ya sabemos de dónde vienen nuestros pantalones 'jeans' y nuestras zapatillas deportivas. ¿Pero sabemos quién fabrica los visores para el carro, la procesadora de alimentos o el secador de pelo? ¿Qué hay acerca de los asientitos para bebés y los amortiguadores para automóviles?", preguntó Short. Se violan derechos civiles "La realidad es que con cada uno de esos productos que usamos estamos ayudando a que se violen los derechos civiles de alguien en algún lugar de la frontera", argumentó. Según Quiñonez, en ciudades como Nogales, Tijuana y Matamoros "nadie se preocupa ni de las necesidades de las trabajadoras ni de proteger al medio ambiente". Para la dirigente, esta actitud surge de "forzar a que México forme parte de una economía global", y es una "consecuencia negativa" del Tratato de Libre Comercio, conocido en inglés como NAFTA. "Viajo por las fábricas, escucho a las trabajadoras y les doy ánimo. La gente motivada tiene una autoestima más alta y entonces puede producir cambios", explicó Quiñonez. La activista recorre los talleres para enseñarle a las mujeres distintas formas de enfrentarse exitosamente a los dueños o gerentes de las fábricas; ejercicios físicos para aliviar tensiones y distribuye información sobre seguridad en los lugares de trabajo. También les recalca que ellas tienen derechos laborales. Las presiones surten efecto "Recientemente logramos instalar ventiladores en una fábrica de ropa donde las empleadas se sofocaban con el polvo. Y en 1996 la Corporación de Aluminio de Estados Unidos despidió a varios gerentes, implementó nuevas medidas ambientalistas y aumentó los salarios de las trabajadoras", dijo Quiñonez. "Además, estamos impulsando varias acciones legales en México y en EU contra las compañías que no respetan la privacidad de las obreras, o que creen que las pueden usar como objetos sexuales", agregó. En 1965, el gobierno mexicano estableció el Programa de Industrialización de la Frontera, que permitió a empresarios de Estados Unidos abrir fábricas en el lado mexicano de la frontera. Unos lo ven como ahorro, otros como pérdida Las compañías estadounidenses, que se nutren de la mano de obra barata, a su vez, reciben beneficios impositivos al "exportar" sus productos a Estados Unidos. Según un estudio de Collectron de Arizona en 1997, las compañías ahorran unos 30 mil dólares al año por cada empleado que contratan en una fábrica mexicana cerca de la frontera. El ahorro proviene del pago de salarios más bajos que en Estados Unidos, de menores costos de producción y una fuerza laboral siempre en aumento. Las estadísticas del AFSC indican que en 1998 (el último año con datos completos) existían unas 4 mil fábricas fronterizas, donde trabajaban poco más de un millón de personas. "Mi impresión es que el CFO está haciendo algo bueno por las maquiladoras, porque estas mujeres están aprendiendo a defender sus derechos tanto dentro de las fábricas, como ante los gobiernos y las cortes de Estados Unidos y de México", afirmó Short. "Se sienten orgullosas y, a pesar de las dificultades, mantienen a sus familias unidas y siguen trabajando para un futuro mejor", concluyó.
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