![]() |
|
|
Business
Week/Carta desde México Haciendo la vida tolerable en las maquiladoras Editado por Sandra Dallas Julia Quiñonez maniobra su Toyota van 1985 entre los huecos de calles con casas de ladrillos de cemento en Piedras Negras, un pueblo de 200,000 personas en las desérticas tierras del lado mexicano en la frontera con Texas, a 125 millas de San Antonio. Ella ha pasado la tarde ecuchando a los trabajadores describir sus trabajos, mientras se toma la coca-cola que invariablemente le ofrecen. Los trabajadores se quejan de sindicatos corruptos, expresan entusiasmo por cursos de capacitación y se preocupan por lesiones en el lugar de trabajo. Sentada en una patio terroso, Quiñonez se anima cuando dos mujeres cuentan de una colega embarazada que pasa en día de píe en su trabajo. La mujer tiene mucho miedo de decirle a sus jefes que está embarazada y de pedir que la asignen a otro trabajo. “Tienes que animarla, que darle confianza”, Quiñonez exorta a las dos mujeres. Ella les habla de las protecciones para la mujeres embarazadas bajo las leyes laborales mexicanas. Compañera
de trincheras Quiñonez es una de las pocas activistas laborales, muchas de ellas valientes mujeres que han salido de las fábricas y que ahora ayudan a mejorar las condiciones en las plantas de ensamblaje exentas de impuestos llamadas maquiladoras, a lo largo de la frontera estadunidense. Ella administra el Comité Fronterizo de Obreras, el cual incluye tanto a hombres como a mujeres. Aún cuando las trabajadoras enfrentan problemas especiales, tales como acoso sexual y descriminación contra madres embarazadas, el CFO no se enfoca exclusivamente en los problemas de las mujeres. En cambio, la meta principal del grupo es educar a los trabajadores sobre sus derechos y animarles a que ellos mismos demanden cambios. Hasta que reformas a las leyes laborales son realmente necesarias no son aprobadas y cumplidas, grupos como el CFO, que opera en siete pueblos fronterizos, son usualmente los únicos recursos de los trabajadores con quejas. El millón de mexicanos que trabajan en las maquiladoras son el pilar de la pujadora economía de exportación de México, siendo responsable por unos 25 billones de dólares en exportaciones en los primeros seis meses de 1998. Los salarios permanecen bajos, a pesar que muchas maquiladoras son sofisticadas fábricas con capital intensivo. El salario promedio de trabajadores en Piedras Negras es 50 dólares semanales. “Están produciendo con una eficacia a nivel de primer mundo [y] con salaries del tercer mundo”, dice Cirila Quintero Ramírez, una socióloga del Colegio de la Frontera Norte en Matamoros. Haciendose la vista gorda Al movimiento lo ayuda la lenta marcha de México hacia la democracia. En Ciudad México, flota un debate concerniente a la reforma de las leyes laborales. Sindicatos independientes estan denunciando contratos secretos firmados por sindicatos vinculados al gobierno, los cuales protejen a los administradores de paros laborales. El CFO enviará en octubre representantes a un foro gubernamental en Ciudad México, para documentar casos de abuso a trabajadoras embarazadas. El Departamento de Trabajo de los Estados Estados Unidos concluyó este año que las maquiladoras discriminan consistentemente en contra de mujeres embarazadas, algunas veces hasta despidiéndolas. El CFO escoge sus batallas –con cuidado. Muchas plantas fronterizas son limpias, bien alumbradas, con aire acondicionado y algunas compañías ofrecen a sus trabajadores almuerzos, transportación y otros beneficios. Pero otras se burlan de las leyes demandando examenes ilegales de embarazo a trabajadoras, eludiendo procedimientos de seguridad e ignorando pagos de indemnización obligatorios. Cuerpos laborales locales usualmente los respaldan. Trabajadores rebeldes son puestos en listas negras. Socio drama Quiñonez ha conseguido muchas tácticas de corporaciones pesadas en los Estados Unidos. En 1996, utilizando acciones pertenecientes a la Congregación de las Hermanas Benedictinas, Quiñonez y dos trabajadoras mexicanas asistieron a la reunion anual de Aluminum Co. of the America en Pittsburg, donde denunciaron condiciones de trabajo deplorables en las plantas de Alcoa a lo largo de la frontera y donde decenas de personas en una línea de ensamblaje habían sido expuestas a gases tóxicos. Poco tiempo después de la reunion, Alcoa despidió gerentes claves que habían encubierto el incidente y aumentaron los salarios 5 dólares semanales en sus plantas mexicanas. Ahora los gerentes de Alcoa regularmente consultan con el CFO acerca de los problemas, a pesar que una reunion pautada para el 18 de agosto en San Antonio fue cancelada debido a que agentes de inmigración estadunidense no les permitieron a Quiñonez y a otros 10 trabajadores entrar a los Estados Unidos. Pero algo como eso no es suficiente para pararla. “Ellos se pueden llevar a 20 de nosotros y habrán 100 más detrás”, dice Quiñonez. Elizabeth Malkin |