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Frontera NorteSur MIRANDO DESDE UNA
CAJA DE CARTÓN: Por la Lic. Elvia
Rosales Arriola, J.D., M.A. Era más de media mañana cuando estacioné mi auto a la puerta de la casa de Rosa María Ramos Rivas, "Rossy", de 34 años y madre de dos varoncitos. Al salir del auto, me cuidé de cerrar bien mi maletín, un tanto preocupada de que mi grabadora cayera en el lodo que había por las fuertes lluvias que habían caído en Ciudad Acuña, una ciudad fronteriza con una industria maquiladora con fuerte crecimiento, situada al otro lado de Del Rio, Texas. Rossy acababa de levantarse, ya que trabaja el turno de las 5 de la tarde a las 2 de la madrugada en General Electric de Ciudad Acuña. Ella, sus hijos César y Marco y su esposo Abraham viven en una casa de dos recámaras que ella considera una mejora comparado a los días cuando su familia no tenía más que una cobija y su propio calor corporal para combatir las frías noches. "Vinimos aquí de Comarca Lagunera, Torreón con una cobija de lana, una maleta y nuestros dos hijitos", me dijo. Llegaron a Ciudad Acuña buscando trabajo pues, ya no podían quedarse con los padres de su esposo trabajando como campesinos sin sueldo alguno. Hasta que encontraron trabajo se quedaron con una sobrina, luego otra, y después con un tío de Abraham. Tan pronto como uno de ellos obtuvo trabajo, una señora mayor les rentó un "cuartito de cartón," un cuartito muy pequeño en una choza hecha con material de desecho y cartón. Cuando le pregunté a Rossy cómo pudieron sobrevivir en esas condiciones, me dijo: "fue muy difícil, pero era mejor que sentirse como que uno estaba de sobra en casa de otros. Después de un tiempo, alguien nos regaló una sartén, y una silla, luego alguien me vendió un pequeño buró para la ropa por cincuenta pesos y unas tarimas. Dormíamos en las tarimas porque no teníamos cama, y aguantábamos las frías noches todos acurrucados bajo una sola cobija". Mientras hablábamos contemplé la habitación con dos camas en la que dormía toda la familia, observando que ésta era la única pieza que tenía piso de cemento y le comenté: "Me imagino que así es como viene mucha gente aquí, no?". A lo que Rossy respondió: "la mayoría vienen así". Continuó describiendo los cambios graduales que han sufrido en los nueve años desde que se mudaron a Ciudad Acuña. "El gran cambio fue como un año después de venir, en Navidad, en Arneses y Accesorios donde trabaja mi esposo, nos dieron una cobija de lana gruesa a cada trabajador, y con mi aguinaldo en General Electric nos permitió pagar una entrada para este terreno". Dependiendo del tiempo y su valoración en relación con el salario, la tradición mexicana de la bonificación anual o plan de ahorros para los trabajadores, conocido como el aguinaldo de Navidad, puede mejorar considerablemente la situación del trabajador. Rossy mencionaba el fin de su primer año en Ciudad Acuña con el aguinaldo y la cobija extra como una época cuando a su familia le empezaba a ir mejor. Pero comprar el terreno sólo era el principio. Podrían comprar material de construcción a través de un programa gubernamental de asistencia para la vivienda, pero tendrían que contratar a los trabajadores para poder empezar a construir. Con el bajo sueldo que es tradicional en Ciudad Acuña, con un promedio de $25 dólares por semana, el proceso de construir algo que se asemejara a una residencia tardaría algún tiempo. "Primeramente intentamos tener algo mejor que el cuartito de cartón. Si alguien nos vendía tarimas las íbamos añadiendo. Una semana eran tres, otra semana eran cinco así íbamos aumentándole". El verano pasado pasé
la noche en Piedras Negras en casa de Amparo Reyes y le oí decir,
refiriéndose a la recién instalada puerta "de verdad"
del baño, que ella y otros que habían ayudado en la construcción
y reparación de la casa -incluyendo a sus dos hijos- habían
aprendido así a cómo convertirse en "carpinteros, plomeros
y cualquier cosa que hiciera falta". Así que le pregunté
a Rossy si ella y Abraham habían construido la pieza en la que
ahora estábamos. "Sí, aprendimos al mismo tiempo que
lo hacíamos. Continuamos construyendo con las tarimas sobre el
cuartito de cartón. Pero finalmente hicimos lo mismo con el terreno,
pues alguien quiso ocupar nuestra propiedad y nos tuvimos que venir a
vivir aquí antes de que la construcción estuviera completa.
Así que estábamos igual, durmiendo a la intemperie / a cielo
abierto y construyendo sobre el cartón y las tarimas para resguardarnos
del frío y las lluvias". Que triste se oye
la lluvia Cada vez que oigo
la canción venezolana "Casas de Cartón", que comienza
con el refrán "que triste se oye la lluvia", me impacta
la gran honestidad de la letra que se refiere al triste sonido de la lluvia
sobre una "casa de cartón", el viejo estándar
de los extremadamente pobres en México y la América Central
y Sur. La primera vez que escuché sus suaves y melancólicos
tonos fue como música de fondo de un corto pero conciso documental
producido por Heather Courtney, estudiante de la Universidad de Texas,
que filmó la primera delegación de Tan Cerca de la Frontera
-ciudadanos de Austin que viajaron a México a conocer a los trabajadores
de las maquiladoras a través del Comité Fronterizo de Obreras
y para saber más de sus condiciones laborales, salario y condiciones
de vida. La película de Heather captura la desolada existencia
de los trabajadores y sus familias que vienen a la frontera en busca de
una vida mejor, y que a menudo acaban conformándose con la visión
de un trozo de terreno sin reclamar en una ciudad que promete trabajo
en alguna de las miles de maquiladoras a lo largo de la frontera mexicana.
En Texas, el término
"colonias" se refiere a viviendas carentes de necesidades básicas
y asentamientos faltos de agua corriente para abastecer a la población
predominantemente Latina. En español de México, el término
"colonia" se refiere a una sección de la ciudad, barrio
o división. Parece que siempre he de explicar esto a mis colegas
y amigos anglo-parlantes cuando hacen referencia a una dirección
que empieza con el término "Colonia," un legado de los
patrones residenciales que permanecieron desde el colonialismo de España
en México desde 1540 a 1821. Las colonias sí tienen las
calles pavimentadas y disponen de servicios públicos, mientras
que un barrio está todavía en los primeros pasos después
de ser asentamiento, es más bien un "campamento con esperanza"
que espera ser integrado algún día como una colonia formal
y sumada a los distritos de la ciudad para los trabajadores de clase media.
Pero hasta que tales barrios adquieran ese nombramiento, puede tardar
hasta veinte años, y la vida en las casas de cartón en México
puede ser un tanto triste, tal y como demuestra el relato del período
del matrimonio de Rossy y Abraham, cuando todo lo que tenían era
una cobija, una maleta y lo que llevaban puesto. Yo había conocido
a Rossy y a su esposo durante el fin de semana, en una numerosa reunión
en Piedras Negras con activistas del CFO y del grupo estadounidense Austin
Tan Cerca de la Frontera de Tejas. Rossy y su marido se presentaron como
voluntarios del CFO de Ciudad Acuña. Había llovido y tronado
tan fuerte durante las sesiones de la mañana que me puse a hablar
con la gente que acababa de conocer sobre cómo pueden los más
pobres de los trabajadores sobrevivir haciéndole frente a estas
malas condiciones climáticas. Dos voluntarias del
CFO de Reynosa y Río Bravo se apresuraron a contarme que en su
región había docenas de familias que recientemente habían
perdido "absolutamente todo" durante una tormenta que había
inundado secciones completas de los asentamientos. Muchos de los trabajadores
se encontraban en una situación desesperada tratando de recuperar
sus míseras posesiones de la inundación, conscientes de
que cada hora y cada día que permanecían fuera de su trabajo
significaba un sueldo más reducido del trabajo por pieza en el
ya bajo sistema salarial de las maquiladoras. Cuando Verónica Quiroz
me invitó a visitar Reynosa y Río Bravo para hacer otras
entrevistas, se quejó de la triste existencia de los trabajadores
de la maquiladora, incluso de aquellos que no viven en "casas de
cartón," quienes, como su propia familia, solo pueden permitirse
comprar ropa de segunda mano y artículos del hogar baratos con
los mezquinos salarios que les pagan en las maquiladoras. A pesar de toda la
melancolía que acompañaba a estos recuentos, me impactó
la diversidad de sentimientos que podía evocar una reunión
de trabajadores, unidos en una lucha común -desde la tristeza y
la rabia / el enojo que acompañan las historias de horror de los
pésimos salarios, talleres riesgosos y dañinos, o patrones
y representantes sindicales con actitudes hostiles, hasta la alegría
y la risa compartida en compañía de sus aliados estadounidenses
al ofrecernos una representación dramática de su victoria
en un reciente conflicto laboral. Por ejemplo, María Elena Robles
Guardado, la voluntaria del CFO de Ciudad Acuña que me llevó
más tarde a la casa de Rossy, parecía reír y llorar
al mismo tiempo durante un descanso en nuestra reunión cuando recordábamos
el principio de su matrimonio cuando también ella vivía
en una "casa de cartón" y batallaba constantemente con
las goteras durante tormentas similares a la fuerte lluvia y truenos que
estábamos escuchando afuera. Con risas de alivio y una mirada de
recuerdos de desesperación, comentó "esa fue una terrible
época que recuerdo muy bien". Me la imaginé luchando
para poder encontrar cobijo para ella y su entonces bebé Cindy,
que ahora tiene seis años y que vive con sus padres probablemente
en la misma casita, una muy parecida a la casa de Rossy y Abraham - dos
recámaras que se han añadido con el tiempo con piezas de
metal, madera y ladrillo. Ciudad Acuña:
Población "Bum" sin Centro Es difícil
pasear por Ciudad Acuña para el observador compasivo. Por todas
partes se pueden ver casuchas construidas de cartón en contraste
con el tráfico de ventas de baratijas, hoteles, comida americanizada
con carteles que dan la bienvenida en inglés, y los vendedores
ambulantes -inmigrantes recién llegados o gente considerada demasiado
mayor o enferma para trabajar en las fábricas - vendiendo sus artículos
por las calles de la ciudad. La prueba obvia de la creciente población
de Ciudad Acuña son los centenares de chozas de cartón,
algunas de estas precariamente construidas en terrenos que seguramente
se inundarán durante los temporales. Hay otras indicaciones del
crecimiento desmesurado de la ciudad, que notamos al tomar un largo paseo
en un descanso de la reunión entre el CFO y el grupo "Tan
Cerca". Salí con dos familias de Ciudad Acuña para
buscar una paletería o quizás heladerías para nosotros,
y unos cuatro chicos. Una de las compañeras comentó que
allá les hacía falta una plaza con mercado central como
la hay en Piedras Negras. Ciudad Acuna es otra ciudad fronteriza a unos
100 kilómetros al sudeste en el Estado de Coahuila. Por toda la
República Mexicana las plazas sirven de centro social para la población,
y son reconocidas por sus bancos y la sombra de sus arboledas donde las
familias y amigos pueden sentarse. Casi siempre cuentan con un mercado
cerca, con una variedad de negocios pequeños y changaritos que
ofrecen comestibles a precios económicos. Sin embargo Ciudad Acuña
demuestra el sutil, pero no menos significativo impacto del bum de las
maquiladoras con el pacto oportuno entre los industriales y la élite
de negociciantes de la ciudad. Las maquilas más grandes acostumbran
a bonificar a los empleados con cupones de descuento para las tiendas,
supermercados y mueblerías más grandes en vez de aumentar
los sueldos o remunerar las horas extras de trabajo. Cada vez que oigo
hablar de estos "arreglos" me acuerdo de la expresión
"la tienda de la compañía" surgida de la historia
laborista americana en sus principios. Niños Obreros
arrastrados por la tormenta Tengo una foto de
mi viaje a finales de septiembre de un jovenzuelo acarreando una fila
de carritos en el estacionamiento de uno de estos grandes supermercados
de Ciudad Acuña. Saqué la foto justo después de ver
un grupo de muchachos dentro de la tienda vestidos de uniforme y a los
que sermoneaba el encargado de la tienda. Aunque sé que el tema
sobre mano de obra infantil en México es un asunto frecuentemente
destacado en las encuestas e informes de las organizaciones por los derechos
humanos, aún me causa indignación cada vez que recibo otra
confirmación de su existencia. Todavía me desconcierta cada
vez que oigo de otra trabajadora de las maquiladoras que me dice que ya
es abuela a los treinta-y-poco años de edad, o que a mi pregunta
de cuándo empezó a trabajar, me contesta que empezó
a la edad de catorce años en una maquiladora, o que desde la edad
de siete años ayudaba a sus padres ejidatarios a recoger la cosecha.
Más tarde descubrí
que estos jóvenes de uniforme, acomodan y llevan el mandado para
los clientes y recogen los carritos, pero no son empleados, incluso cuando
los dueños de los supermercados aparentemente dependen de sus servicios.
Según las leyes laborales de México el trabajador debe tener
al menos 16 años para poder percibir salario. En cambio, los niños
reciben propinas. Sus familias tienen que cubrir los gastos de los uniformes
requeridos por los patrones si quieren el puesto para sus hijos. Para
octubre, la foto que había tomado del muchachito de los carritos
del mandado de repente tuvo un nuevo significado, cuando iba con María
Elena Robles hacia la casa de Rossy y Abraham y nos acercamos a un puente
cerca de ese mismo supermercado. María Elena me informó
de la última tragedia sucedida en la ciudad a causa de las lluvias
torrenciales. "Tres de esos niños que recogen los carritos
murieron allí. Llovía muy fuerte, el puente se inundó
y ellos iban a su casa después de cerrar la tienda a las once de
la noche. Nunca llegaron a casa porque se ahogaron en la inundación".
El bum de las maquiladoras
y deshumanización de los trabajadores: Los dientes de engranaje
en la rueda de la producción y competición global Los residentes estadounidenses
que conocen por primera vez mi trabajo en México a menudo me comentan
que la situación de las maquiladoras allí les recuerda a
una época de hace cien años en la historia del movimiento
laboral en Estados Unidos. Un momento en la historia que asociamos con
el nacimiento del sindicalismo con los amargos enfrentamientos entre las
fuerzas laborales y los dueños, y con la mejora de la jornada laboral,
los salarios y las condiciones de trabajo. Sí, les digo, y hay
una buena razón por la cual los trabajadores mexicanos están
empezando a decir - no - a los salarios y las condiciones de trabajo intolerables.
Cuatrocientos trabajadores en una subsidiaria de la siderúrgica
Aluminum Company of America (ALCOA) en Ciudad Acuña, conocida por
Arneses y Accesorios, efectivamente dijeron - no - a la directiva cuando
éstos abandonaron sus puestos en día 4 de octubre, 2000,
porque no hubo resultado alguno a su petición presentada al Director
General de ALCOA, Bob Hughes, quien vino a Ciudad Acuña el 4 de
mayo del mismo año, quien escuchó personalmente de treinta
trabajadores que ellos simplemente no podían alimentar y mantener
a sus familias con los mezquinos sueldos que pagaba Arneses y Accesorios.
Los trabajadores de
Ciudad Acuña reclaman continuamente las importantes diferencias
que hay entre sus salarios y los de los trabajadores de ALCOA en Piedras
Negras. Aparentemente los "mejores salarios" en las fábricas
de Arneses en Ciudad Acuña Arneses son de $450 a $500 pesos por
semana, (unos $45 a $50 dólares) pero la mayoría de los
trabajadores por Ciudad Acuña, me aseguran, ganan de sólo
$200 a $300 pesos por semana ($20 a $30 dólares), lo que se puede
considera poca más para evitar la inanición. Juan Tovar
Santos, voluntario de la CFO quien encabezó la huelga de día
4 de octubre dice que jamás ha visto un aumento de salario en los
nueve años que ha trabajado para ALCOA-Arneses. Para poder alimentar
a su familia de una esposa y cuatro hijos repara automóviles los
fines de semana. La tarea más
importante de María Elena Robles como voluntaria del CFO en Ciudad
Acuña es de informar a sus aliados estadounidenses sobre la relación
que hay entre el salario de la maquila y la situación de supervivencia
desesperante. Esto lo demuestra con gráficos que ella produjo señalando
"la canasta básica". El gráfico de la canasta
básica se elabora estableciendo las vivencias reales de los trabajadores
de las maquiladoras y evaluar el salario medio en Ciudad Acuña
con las necesidades de una típica familia para alimentarse, vestirse,
medicarse y educar a sus hijos. Las cifras empiezan con los menesteres
básicos: alimentación, alojamiento, gastos de agua y luz,
combustible para cocinar, y vestimenta y siempre dejando para lo último
las medicinas y artículos escolares y, las cuotas obligatorias
para los estudios. No es nada sorprendente que estos salarios típicos
de entre $21 a $31 dólares incitan a tantos niños a dejar
sus estudios al terminar la primaria para buscar trabajo y ayudar a sus
familias, una angustiada misión simbolizada con la adquisición
de actas de nacimiento falsas por parte de los solicitantes de trabajo
con el fin de manifestar que él o ella cuentan con los 16 años
de edad para poder trabajar legalmente. El día después
de regresar de mi último viaje, simplemente lloré un mar
de lágrimas a causa de todas las ardientes emociones tras presenciar
vidas de lucha e historias de dolor. Si no fuera por el valor que veo
en los trabajadores que continúan animándose y educándose
unos a otros, me sentiría paralizada por la arrogancia institucional
aparentemente en juego en las que la economía goza de explícitos
e implícitos privilegios para los inversores del TLC. Estaría
más abrumada por las preocupantes historias y de pensar que no
podían ser verdad o que las situaciones son demasiado difíciles
de afrontar. Leí un artículo en un periódico de Ciudad
Acuña respaldando aún más el relato de una trabajadora
de cómo un grupo de empleadas de la Standard Components of Mexico,
una de ellas embarazada, resultaron intoxicadas por los gases de una explosión
a media noche de una lata de disolvente que había sido descuidadamente
colocada cerca de los hornos de la fábrica. Las mujeres detectaron
el fuerte olor al empezar su turno a las 6 de la mañana, pero los
encargados no permitieron que dejaran de trabajar. La dirección
no evacuó la zona ni proporcionó asistencia médica
hasta que 7 mujeres se quejaron de dolores de cabeza, nauseas, y empezaron
a desmayarse. Al terminar el artículo me pregunto si la mujer embarazada,
Juanita Rodríguez Duarte, habría tenido un aborto, pues
sabiendo de otras investigaciones que las mujeres embarazadas en las maquiladoras
frecuentemente sufren abortos en las mismas instalaciones, por la poca
prioridad que le dan a la salud y seguridad del trabajador. Sentirme tan abrumada
con esta información me esta resultando cada vez más familiar
con cada visita. Justo cuando empiezo a guardar el artículo sobre
la contaminación y la mujer embarazada, dos fotos cayeron de mi
carpeta de apuntes de mi último viaje. Muestran a dos niños,
hijos de Nicolás Navarro Moreno, un ex-empleado de Arneses y Accesorios,
quien trabajó varios años en la Planta Nº 7. Mirando
a estos niños pequeños recuerdo el salón de reuniones
de un restaurante grande en Ciudad Acuña donde el Sr. Navarro me
entregó las fotos mientras que él y Ramiro Mijares Gonzáles,
también ex-empleado de Arneses, explicaban apasionadamente a un
grupo de voluntarias del CFO y otros aliados de sus problemas con ALCOA.
En Ciudad Acuña, los 11,000 trabajadores de Arneses y Accesorios
ensamblan arneses y componentes de cables eléctricos que se usan
en los tableros de varios de los más importantes modelos de automóviles
que se venden en los Estados Unidos. Nicolás y Ramiro hablaron
de parte de cincuenta trabajadores actuales y anteriores, todos ellos
pidiendo que ALCOA cumpla su alegada promesa verbal que les dieron en
1997 de exámenes médicos preventivos y/o el tratamiento
necesario de por vida, porque desde 1989 a 1997 habían estado expuestos
a la "MOCA" un componente altamente tóxico que se mezcla
generalmente con resinas para la elaboración de moldes plásticos
que sirven para cubrir circuitos electrónicos. El informe de seguridad
de sustancias describe a MOCA como 4,4'-Metilenobis (2-cloroanilina),
un líquido de viscosidad media con de color ámbar claro
y olor característicamente suave que nunca debería entrar
en contacto con la piel, ojos y ropa y que tiene propiedades mutagénico-genotóxicas
además de efectos carcinógenos. En 1997, se alega
que los doctores de la compañía informaron a los trabajadores
que MOCA había causado cáncer del tracto urinario en animales
de laboratorio. Nicolás habló apasionadamente, pasando copias
de sus investigaciones e informes médicos a Ricardo Hernández
del AFSC, a Julia Quiñones del CFO y al abogado del CFO, Fernando
Fonseca, mencionando su firme promesa de no dejar la campaña para
hacer que Arneses cumpla con su promesa de 1997 de cuidados médicos.
Su campaña ha crecido con las recientes dificultades que los trabajadores
están teniendo al obtener el MT-1, el seguro de la compañía
del IMSS o Seguro Social, que si las lesiones o enfermedades de un trabajador
están relacionadas con su trabajo, todas los análisis y
su diagnosis deberían ser gratuitos. Hacia el final de su plática,
Nicolás me entregó las fotografías de sus dos hijos
pequeños, diciendo "sabemos por los estudios y por otras fuentes
que esta sustancia puede cambiar la estructura de ADN de las personas.
Me preocupa lo que le puedo haber pasado a estos niños porque los
tuvimos cuando yo todavía estaba trabajando con este producto químico
sin el equipo de seguridad adecuado." De hecho, este es un problema
muy arraigado en la industria de la maquiladora -la falta de equipos de
seguridad adecuado y una ventilación apropiada próxima al
lugar de trabajo de los trabajadores. Como consecuencia, se alega en una
demanda bajo el TLC contra dos compañías en Matamoros, que
como ALCOA, también ensamblan refacciones usando fuertes disolventes
y pegamentos, la falta institucional respecto a la salud del trabajador
en las maquiladoras lleva a problemas médicos crónicos y
graves, como pueden ser nausea, dolores de cabezas, migrañas, dificultades
de respiración crónicas, abortos, nacidos muertos y otros
defectos congénitos, y todos están relacionados con la exposición
de los trabajadores a sustancias químicas y productos de desecho
tóxicos. (Dos llamadas a la directiva de ALCOA Fujikura Ltd. en
San Antonio, Texas no fueron contestadas acerca de estos asuntos). Por supuesto, ninguna
cantidad de informes o documentación puede sustituir el impacto
visual de la presencia de la industria de la maquiladora en la frontera
y de su impacto en la vida diaria de los trabajadores y sus familias.
Se les ve simplemente caminando por las colonias y barrios llenos de niños
que salen de las chozas, sin zapatos caminando por caminos de tierra y
piedras, sin asfaltar que se convierten en charcos de lodo y agua durante
las lluvias fuertes, y que son asalto al paisaje cuando contrastan con
los elegantes edificios y estacionamientos de la directiva de las maquiladoras
que se encuentran justo al otro lado de la carretera. O también
existe el impacto emocional y visual de visitar la casa de una trabajadora
de maquiladora que ni siquiera goza de agua para un baño, que tiene
paredes y techos construidos con desechos de cartón, madera y metal,
mientras te cuenta sobre sus compañeras que casi pierden sus dedos
o manos en accidentes de trabajo, que tienen abortos espontáneos
y pésimos cuidados médicos, o de cómo ella y su familia
están tratando de conseguir a duras penas una existencia normal
con los sueldos ofensivos que tipifican la "carrera hacia el fondo
de pago " de la economía global. Lo que conduce a la
competencia en una economía global es la promesa de unos beneficios
cada vez mayores, que se perciben posible solo con unos de producción
más bajos y una mano de obra extranjera más barata, todo
ello a expensas del derecho del trabajador a una vida digna, salud y felicidad.
Una explicación
obvia a los pésimos salarios por lo menos en Ciudad Acuña,
es que la cuidad no tiene una presencia sindical significativa. Así
mismo se rumora que el alcalde promete a todo nuevo industrial de que
la ciudad permanecerá libre de sindicatos. Como resultado, cada
maquiladora, sin importar la imagen de relaciones públicas que
su compañía matriz comunique globalmente, puede rápidamente
convertirse en un castillo completo con rey y sirvientes, conducido por
encargados locales que imponen unos métodos de producción
estrictos de patrón-sirviente, tratamiento evasivo a los trabajadores,
con el único propósito de conseguir el máximo nivel
de producción con el mínimo costo posible. Por supuesto, cuando
la meta es la producción rápida y global, los empresarios
deciden que es más importante que el nuevo empleado empiece a trabajar
que entrenarle en cuestiones de seguridad, o enseñarles suficiente
ingles para que puedan leer las etiquetas de precaución de las
sustancias químicas y toxicas, o adquirir equipos caros de protección.
Cuando mantener las maquinas en funcionamiento se cree ser más
importante que el impacto de la maquinaria en los humanos que la manejan,
entonces la obrera pierde su humanidad. Hablamos de un sistema económico
que se apoya en convertir a los humanos en repuestos de maquinaria, en
dientes de engranaje de una rueda de producción global que no piensa,
no siente, no sufre, no tiene vida, familia o seres queridos. |