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INTERCAMBIO COMERCIAL O INTERCAMBIO DE ESCLAVOS Por Lisa Sorg Dos semanas atrás
en uno de los innumerables anónimos y callados parques de oficinas
de San Antonio, dos trabajadores mexicanos de maquilas le dieron al libre
comercio algo que usualmente se pierde en el brillo de los prometedores
indicadores de la economía: voces, rostros y nombres. Guillermo
Fernández y Margarita Ramírez fueron despedidos en octubre
de las plantas de Alcoa Fujikura en Piedras Negras, una ciudad mexicana
al otro lado de la frontera con Eagle Pass. Su delito: organizar un sindicato
independiente. Una empresa conjunta
entre compañías americana y japonesa, AFL es la división
automotriz del mayor productor de aluminio en el mundo. Margarita Ramírez,
quien como Fernández, trabajaron en la planta de AFL haciendo cableados
de arneses para firmas como Ford, Subaru y Harley-Davidson, es una mujer
pequeña y redonda con una cara aún sin arrugar a pesar de
las pesadas tareas de la maquila o de los retos de criar a sus cuatro
hijos. Ella dijo suavemente pero con determinacíon: "Junto
podemos lograr cambios positivos para los trabajadores". Cerca de 35 manifestantes
de Austin y San Antonio se reunieron para demandar la reinstalación
de los 20 trabajadores mexicanos que fueron despedidos de sus trabajos
en AFL por osar desafiar a la Confederación de Trabajadores Mexicanos
(CTM), el sindicato oficial que es famoso por aliarse con las compañías.
Mientras AFL mantiene que los empleados que fueron despedidos hicieron
un paro laboral ilegal y que con violencia trataron de destronar a la
CTM - alegaciones que los organizadores del sindicato enfáticamente
niegan, afirmando que la CTM maltrató a trabajadores en las plantas
- no es coincidencia que los trabajadores despedidos hayan organizado
un sindicato que no es precisamente una extensión de la compañía;
cuatro de los trabajadores despedidos fueron elegidos por los demás
trabajadores como representantes del sindicato independiente. La difícil
situación de Fernández y Ramírez sirve para recordar
que el único aspecto de liberación del libre comercio es
la libertad y facilidad que reciben las transnacionales para desplomar
plantas en el lado mexicano de la frontera. Estas corporaciones - General
Electric, General Motors, y AFL, entre otras - son inmutables en su sentencia
que las ganancias son lo más importante, escudados por el TLC -
lo que les requiere obedecer algunas o casi ninguna leyes ambientales,
pagar muy bajos o nada de impuestos, e ignorar las leyes laborales - la
cual no tienen la menor intención de cambiar. En el caso de AFL, la compañía estuvo anteriormente dirigida por Paul O'Neill, quien fue el CEO antes de que el Presidente Bush llenara su gabinete con sus amigos corporativos y lo nombrara Secretario del Tesoro; el año pasado, el New York Times reportó que durante una reunión anual de los accionistas, un trabajador mexicano de una planta de AFL en Ciudad Acuña testificó ante O'Neill acerca de
los maltratos de la compañía hacia los trabajadores: además
del salario diario de $6, de que los empleados de limpieza limitan el
uso del papel sanitario a tres hojas de papel, que los empleados estaban
siendo profundamente afectados por el humo de un escape de gas (encubierto
por un ejecutivo mexicano de AFL), y de que oficiales de la policía
mexicana tiraron gases lacrimógenos a trabajadores descontentos
durante una confrontación en el estacionamiento de la fábrica.
O'Neill actuó
con sorpresa, reportó el Times, y los salarios y las condiciones
de la fábrica mejorar un poco. Pero 18 meses más tarde,
el descontento continuaba de manera profunda en la planta: AFL paga a
sus empleados el escaso salario de $70 por una semana de trabajo de 46
horas - lo que equivale a cerca de $1.50 la hora y sin beneficios. Los
problemas ambientales persisten - drenajes al aire libre en las calles,
trabajadores viviendo en casuchas - y problemas laborales, como Fernández
y Ramírez explican continúan supurando. La historia de conflictos
laborales y administrativos en AFL, quien emplea a 14,000 trabajadores
en sus plantas de Piedras Negras y Ciudad Acuña, vienen desde hace
15 años, cuando la CTM comenzó a representar - o como dicen
muchos empleados, a mal representar - a los trabajadores mexicanos de
AFL. De acuerdo a Ramírez, Fernández, y otros trabajadores,
la CTM solo sirve a los intereses de Alcoa: Negoció salarios más
bajos y pagos de prestaciones más bajos de lo proscrito por la
ley - aún cuando los salarios promedios de las maquilas han bajado
el 20 porciento y el costo de vida ha aumentado hasta el 243 porciento
desde 1994. En la última
decada, muchos trabajadores de AFL en México han tratado de ganar
mejoras en sus salarios y condiciones de trabajo. Pero desde el año
2000, dicen los empleados, Alcoa ha interferido en las elecciones del
sindicato, grabado con video a los trabajadores dentro y fuera de la planta,
y apoyado - a través de su falta de acción - las intimidaciones
de la CTM a aquellos que luchan por desplazarlos. En marzo pasado, trabajadores
de la planta #2 de AFL, llamaron a elecciones para establecer nuevos representantes
fuera del control del CTM; una semana más tarde, la planilla de
cinco representantes del sindicato independiente ganó la elección
por voto secreto, 932 a 532. Los representantes independientes quedaron
oficialmente afiliados al CTM como un comité seccional, pero luego
que el CTM rehusó aceptar la opinión del comité en
septiembre, la mayoría de los empleados renunciaron de la CTM y
comenzaron a organizar su propio sindicato. A principios de octubre,
como organizadores - con la ayuda del Comité Fronterizo de Obreras,
un grupo fronterizo que trabaja por justicia social y económica
- continuaron una campaña de inscripción en la Planta 1,
AFL despidió a 20 trabajadores, incluyendo a Ramírez y Fernández,
de ambas plantas en Piedras Negras. "No fue justo", se quejó
Fernández, padre de tres niños, acerca de su despido".
Ellos dicen que tome parte un acto illegal y no fue así".
Ramírez dijo
que AFL le ha ofrecido reinstalarla - con una condición: "Tengo
que aceptar al CTM. Pero no lo voy a hacer". No obstante, el 18
de Octubre, la mayoría de los trabajadores de la Planta 1 eligieron
un sindicato independiente - a pesar de no tener el derecho para participar
en negociaciones del contrato colectivo. Un juez de Tribunal del Tercer
Distrito en Piedras Negras negó la apelación del nuevo sindicato
de forzar a AFL a reconocerlo oficialmente. EL nuevo sindicato ha apelado
al Tribunal del Circuito Colegial; su decisión se espera para enero.
Mientras que los trabajadores
alegan que AFL está ayudando al CTM, públicamente la compañía
se está distanciando del conflicto. En una entrevista telefónica
desde la sede principal de la compañía en Pittsburgh, el
vocero de AFL Kevin Lowery dijo que los trabajadores tienen "libertad
de asociación", y niega que la compañía tuviese
ningún lazo con la CTM. "Hay dos facciones
buscando representar a los trabajadores, y no nos vamos a meter en el
medio", añadió. "Somos completamente independientes
de eso". Lowery reiteró
que los 20 empleados fueron despedidos porque "no toleramos perturbación
y violencia en el lugar de trabajo. Tenemos a nuestra gente allá,
cuyo trabajo es monitorear lo que está pasando en el lugar de trabajo.
Creemos que hemos tomado las medidas apropiadas". Regresando a las oficinas
de AFL en San Antonio, un puñado de empleados de cuello blanco
tentativamente abrió la puerta del frente - la cual estaba cerrada
con llave desde adentro - y observó la protesta desde la acera.
Un hombre comenzó a filmar, pero varios minutos, después
entró de nuevo detrás de las teñidas ventanas. Cerca del mediodia,
los manifestantes se acercaron a la entrada principal de AFL llevando
una petición firmada demandando la reinstalación de los
trabajadores despedidos, el reconocimiento del recién elegido sindicato
y el reemplazo de dos ejectivos mexicanos de AFL. Ellos tenían
la esperanza de entregar su mensaje al director de recursos humanos, pero
una empleada les bloqueó el acceso. "El area de recepción
está cerrada. Les pido que salgan", dijo a través de
una puerta medio abierta. "Soy una accionista
y me gustaría hablar con el director de recursos humanos",
contestó Rosenberg. "Salga y entonces
lo llamaré" replicó la mujer. "Estamos tratando
de trabajar en ésta oficina". La mujer marcó
el número de teléfono de la recepción. "Ellos
quieren hablar con usted" gruño en el teléfono. "Quieren
dejar una petición". Ella se volvió
a Rosenberg: "Dice que la deje aquí". "Booooooo!"
gritaron los manifestantes. "¡Que salga el jefe! ¡Que
salga el jefe!" "El no está",
insistió la mujer. "Si él no quiere no puedemos obligarlo
a aceptarla". Cerca de una docena
de manifestantes ocupaban el area de recepción, y esperaban que
alguien con más alto rango apareciese. Puesto en la cartelera había
un aviso con la lista de principios de AFL: "Valoramos la vida humano
por encima de todo. Somos transparentes en nuestras comunicaciones, seguridad
y bienestar para nuestros empleados. Cumplimos con todas las leyes y creamos
altos estándares para nosotros mismos y para nuestros suplidores
donde se identifiquen riesgos inaceptables". Los manifestantes se dirigieron al estacionamiento cuando la policía llegó, y cuatro oficiales con sus brazos cruzados vigilaban la entrada de la compañía. Aparentemente, AFL había identificado un riesgo inaceptable - disidencia.
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