Por los derechos humanos y laborales de los trabajadores de las maquiladoras
 
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©San Antonio Current
Diciembre 5, 2002

INTERCAMBIO COMERCIAL O INTERCAMBIO DE ESCLAVOS

Por Lisa Sorg

Dos semanas atrás en uno de los innumerables anónimos y callados parques de oficinas de San Antonio, dos trabajadores mexicanos de maquilas le dieron al libre comercio algo que usualmente se pierde en el brillo de los prometedores indicadores de la economía: voces, rostros y nombres. Guillermo Fernández y Margarita Ramírez fueron despedidos en octubre de las plantas de Alcoa Fujikura en Piedras Negras, una ciudad mexicana al otro lado de la frontera con Eagle Pass. Su delito: organizar un sindicato independiente.

Fernández, un hombre altísimo y pesado con bigotes canosos y tan gruesos como la piel de un oso, vociferaba en un micrófono mientras que un compañero de la protesta, un cuáquero del Comité de Servicio de los Amigos, apuntaba un pequeño amplificador hacia el grupo de manifestantes reunidos en un estacionamiento. "No vamos a aceptar las injusticias y violaciones de Alcoa", dijo en español, con su espalda a las oficinas de Alcoa Fujikura, Ltd. (AFL) en San Antonio.

Una empresa conjunta entre compañías americana y japonesa, AFL es la división automotriz del mayor productor de aluminio en el mundo.

Margarita Ramírez, quien como Fernández, trabajaron en la planta de AFL haciendo cableados de arneses para firmas como Ford, Subaru y Harley-Davidson, es una mujer pequeña y redonda con una cara aún sin arrugar a pesar de las pesadas tareas de la maquila o de los retos de criar a sus cuatro hijos. Ella dijo suavemente pero con determinacíon: "Junto podemos lograr cambios positivos para los trabajadores".

Cerca de 35 manifestantes de Austin y San Antonio se reunieron para demandar la reinstalación de los 20 trabajadores mexicanos que fueron despedidos de sus trabajos en AFL por osar desafiar a la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM), el sindicato oficial que es famoso por aliarse con las compañías. Mientras AFL mantiene que los empleados que fueron despedidos hicieron un paro laboral ilegal y que con violencia trataron de destronar a la CTM - alegaciones que los organizadores del sindicato enfáticamente niegan, afirmando que la CTM maltrató a trabajadores en las plantas - no es coincidencia que los trabajadores despedidos hayan organizado un sindicato que no es precisamente una extensión de la compañía; cuatro de los trabajadores despedidos fueron elegidos por los demás trabajadores como representantes del sindicato independiente.

La difícil situación de Fernández y Ramírez sirve para recordar que el único aspecto de liberación del libre comercio es la libertad y facilidad que reciben las transnacionales para desplomar plantas en el lado mexicano de la frontera. Estas corporaciones - General Electric, General Motors, y AFL, entre otras - son inmutables en su sentencia que las ganancias son lo más importante, escudados por el TLC - lo que les requiere obedecer algunas o casi ninguna leyes ambientales, pagar muy bajos o nada de impuestos, e ignorar las leyes laborales - la cual no tienen la menor intención de cambiar.

En el caso de AFL, la compañía estuvo anteriormente dirigida por Paul O'Neill, quien fue el CEO antes de que el Presidente Bush llenara su gabinete con sus amigos corporativos y lo nombrara Secretario del Tesoro; el año pasado, el New York Times reportó que durante una reunión anual de los accionistas, un trabajador mexicano de una planta de AFL en Ciudad Acuña testificó ante

O'Neill acerca de los maltratos de la compañía hacia los trabajadores: además del salario diario de $6, de que los empleados de limpieza limitan el uso del papel sanitario a tres hojas de papel, que los empleados estaban siendo profundamente afectados por el humo de un escape de gas (encubierto por un ejecutivo mexicano de AFL), y de que oficiales de la policía mexicana tiraron gases lacrimógenos a trabajadores descontentos durante una confrontación en el estacionamiento de la fábrica.

O'Neill actuó con sorpresa, reportó el Times, y los salarios y las condiciones de la fábrica mejorar un poco. Pero 18 meses más tarde, el descontento continuaba de manera profunda en la planta: AFL paga a sus empleados el escaso salario de $70 por una semana de trabajo de 46 horas - lo que equivale a cerca de $1.50 la hora y sin beneficios. Los problemas ambientales persisten - drenajes al aire libre en las calles, trabajadores viviendo en casuchas - y problemas laborales, como Fernández y Ramírez explican continúan supurando.

La historia de conflictos laborales y administrativos en AFL, quien emplea a 14,000 trabajadores en sus plantas de Piedras Negras y Ciudad Acuña, vienen desde hace 15 años, cuando la CTM comenzó a representar - o como dicen muchos empleados, a mal representar - a los trabajadores mexicanos de AFL. De acuerdo a Ramírez, Fernández, y otros trabajadores, la CTM solo sirve a los intereses de Alcoa: Negoció salarios más bajos y pagos de prestaciones más bajos de lo proscrito por la ley - aún cuando los salarios promedios de las maquilas han bajado el 20 porciento y el costo de vida ha aumentado hasta el 243 porciento desde 1994.

En la última decada, muchos trabajadores de AFL en México han tratado de ganar mejoras en sus salarios y condiciones de trabajo. Pero desde el año 2000, dicen los empleados, Alcoa ha interferido en las elecciones del sindicato, grabado con video a los trabajadores dentro y fuera de la planta, y apoyado - a través de su falta de acción - las intimidaciones de la CTM a aquellos que luchan por desplazarlos.

En marzo pasado, trabajadores de la planta #2 de AFL, llamaron a elecciones para establecer nuevos representantes fuera del control del CTM; una semana más tarde, la planilla de cinco representantes del sindicato independiente ganó la elección por voto secreto, 932 a 532. Los representantes independientes quedaron oficialmente afiliados al CTM como un comité seccional, pero luego que el CTM rehusó aceptar la opinión del comité en septiembre, la mayoría de los empleados renunciaron de la CTM y comenzaron a organizar su propio sindicato.

A principios de octubre, como organizadores - con la ayuda del Comité Fronterizo de Obreras, un grupo fronterizo que trabaja por justicia social y económica - continuaron una campaña de inscripción en la Planta 1, AFL despidió a 20 trabajadores, incluyendo a Ramírez y Fernández, de ambas plantas en Piedras Negras. "No fue justo", se quejó Fernández, padre de tres niños, acerca de su despido". Ellos dicen que tome parte un acto illegal y no fue así".

Ramírez dijo que AFL le ha ofrecido reinstalarla - con una condición: "Tengo que aceptar al CTM. Pero no lo voy a hacer".

No obstante, el 18 de Octubre, la mayoría de los trabajadores de la Planta 1 eligieron un sindicato independiente - a pesar de no tener el derecho para participar en negociaciones del contrato colectivo. Un juez de Tribunal del Tercer Distrito en Piedras Negras negó la apelación del nuevo sindicato de forzar a AFL a reconocerlo oficialmente. EL nuevo sindicato ha apelado al Tribunal del Circuito Colegial; su decisión se espera para enero.

Mientras que los trabajadores alegan que AFL está ayudando al CTM, públicamente la compañía se está distanciando del conflicto. En una entrevista telefónica desde la sede principal de la compañía en Pittsburgh, el vocero de AFL Kevin Lowery dijo que los trabajadores tienen "libertad de asociación", y niega que la compañía tuviese ningún lazo con la CTM.

"Hay dos facciones buscando representar a los trabajadores, y no nos vamos a meter en el medio", añadió. "Somos completamente independientes de eso".

Lowery reiteró que los 20 empleados fueron despedidos porque "no toleramos perturbación y violencia en el lugar de trabajo. Tenemos a nuestra gente allá, cuyo trabajo es monitorear lo que está pasando en el lugar de trabajo. Creemos que hemos tomado las medidas apropiadas".

Regresando a las oficinas de AFL en San Antonio, un puñado de empleados de cuello blanco tentativamente abrió la puerta del frente - la cual estaba cerrada con llave desde adentro - y observó la protesta desde la acera. Un hombre comenzó a filmar, pero varios minutos, después entró de nuevo detrás de las teñidas ventanas.

Cerca del mediodia, los manifestantes se acercaron a la entrada principal de AFL llevando una petición firmada demandando la reinstalación de los trabajadores despedidos, el reconocimiento del recién elegido sindicato y el reemplazo de dos ejectivos mexicanos de AFL. Ellos tenían la esperanza de entregar su mensaje al director de recursos humanos, pero una empleada les bloqueó el acceso. "El area de recepción está cerrada. Les pido que salgan", dijo a través de una puerta medio abierta.

"Soy una accionista y me gustaría hablar con el director de recursos humanos", contestó Rosenberg.

"Salga y entonces lo llamaré" replicó la mujer. "Estamos tratando de trabajar en ésta oficina".

La mujer marcó el número de teléfono de la recepción. "Ellos quieren hablar con usted" gruño en el teléfono. "Quieren dejar una petición".

Ella se volvió a Rosenberg: "Dice que la deje aquí".

"Booooooo!" gritaron los manifestantes. "¡Que salga el jefe! ¡Que salga el jefe!"

"El no está", insistió la mujer. "Si él no quiere no puedemos obligarlo a aceptarla".

Cerca de una docena de manifestantes ocupaban el area de recepción, y esperaban que alguien con más alto rango apareciese. Puesto en la cartelera había un aviso con la lista de principios de AFL: "Valoramos la vida humano por encima de todo. Somos transparentes en nuestras comunicaciones, seguridad y bienestar para nuestros empleados. Cumplimos con todas las leyes y creamos altos estándares para nosotros mismos y para nuestros suplidores donde se identifiquen riesgos inaceptables".

Los manifestantes se dirigieron al estacionamiento cuando la policía llegó, y cuatro oficiales con sus brazos cruzados vigilaban la entrada de la compañía. Aparentemente, AFL había identificado un riesgo inaceptable - disidencia.

 

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