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The SUNDAY Sentinel
New Hampshire, Domingo 21 de abril del 2002

Estudiantes de Conval echan una mano valiosa al sur de la frontera

Por Arnie Alpert

Ciudad Acuña, una ciudad mexicana en la frontera con Texas, tiene una base industrial por la que desmayarían los líderes municipales de New Hampshire. Sesenta fábricas le dan trabajo a miles de obreros; sin embargo, las escuelas son tan pobres que los niños de Acuña dependen de los estudiantes de preparatoria de Conval, del Club Mochilas a México del Colegio Wheaton para tener útiles escolares básicos.

Las escuelas son casuchas hechas de cartón, "y no son apropiadas para impartir educación", le dijo Adar Cohen, un residente de Petersborough y estudiante del segundo año en Wheaton College, al Keene Sentinel el 6 de abril. "Muchos de los niños ni siquiera tienen un lápiz".

Los empleados de Acuña no son empleados temporales ni obreros de fábricas de ropa o de tenis, las cuales se han convertido en el estereotipo de las fábricas de explotación de la economía mundial. La compañía que emplea más personal es Alcoa, cuyas plantas en Acuña y la vecina Piedras Negras producen sistemas eléctricos para automóviles. Las plantas, conocidas como maquiladoras, son limpias, modernas y tan productivas como las que se encuentran al norte de la frontera. Otros empleadores incluyen Allied Signal y General Electric, la cual ha cambiado operaciones de sus plantas de New Hampshire y el centro de Massachussets para México.

Pero los trabajadores para las compañías estadounidenses ganan tan poquito que viven en casuchas hechas de cartón, tabicones, metal corrugado, pedazos de madera o cualquier material a que la gente puede echar mano. Las crecientes colonias o vecindarios no planificados que los obreros de las fábricas han creado no tienen agua potable. La mitad de las casas no tienen excusados. El New York Times (14 de febrero) describe las colonias como "un escuálido mapa de calles terregosas, basura podrida y pantanos de aguas negras al descubierto".

"Los salarios que las maquiladoras pagan a los trabajadores por una semana de trabajo no les permite cubrir los gastos básicos para la nutrición de sus familias, vivienda, ropa y servicios" dijo la doctora Ruth Rosenbaum del Centro para Reflexión, Educación y Acción de Hartford, Connecticut, quien estudia los salarios y el costo de vida en comunidades cerca de la frontera con Estados Unidos. "En las quince ciudades encuestadas, tomaría entre cuatro y cinco salarios mínimos para cubrir las necesidades básicas de una familia de cuatro".

Cuando visité Acuña hace dos años, una trabajadora de Alcoa llamada Cristina me mostró su recibo de pago. Ella estaba trabajando cincuenta horas a la semana por $472 pesos, en ese momento cerca de $52 dólares, un monto por encima del sueldo mínimo. Si bien $1.04 la hora puede ser más dinero en México que en Petersborough, el costo de la vida está fuera del alcance de los trabajadores de Alcoa.

De acuerdo con Rosenbaum, alguien con el nivel salarial de Cristina tendría que trabajar más de siete horas para comprar un par de tenis baratos para niños. Los mexicanos regularmente cruzan la frontera para comprar gasolina y otros productos que son en realidad menos caros en las ciudades fronterizas de Texas.

Cuando el Tratado de Libre Comercio estaba siendo considerado en 1993, la mayoría del debate se concentró en la frontera México-Estados Unidos y las maquiladoras. Mientras que los críticos de NAFTA citaron los bajos salarios y las miserables condiciones de vida de los obreros de las maquiladoras, los impulsores del acuerdo dijeron que el incremento del comercio aumentaría los ingresos y mejoraría las condiciones en el sur de la frontera.

Ocho años de experiencia han probado que los impulsores del TLC estaban equivocados.

De acuerdo a una encuesta realizada por el Comité Fronterizo de Obreras, una organización comunitaria que promueve la democracia sindical y los derechos de los trabajadores y que incluye a empleados de Alcoa, los salarios reales han en realidad decaído desde que el TLC comenzó. El comercio se ha incrementado y los trabajos continúan fluyendo hacia el sur, pero los mexicanos han visto muy pocos beneficios.

Compañías como Alcoa pagan impuestos tan bajos que ciudades como Acuña tienen muy poco para gastar en servicios esenciales como pavimentación de calles, agua potable y escuelas. El presupuesto de la ciudad en el año 2000 fue sólo del equivalente a $9 millones de dólares. Con una población de 150 mil personas, eso viene a ser únicamente $60 dólares por persona. En contraste, Manchester, una ciudad comparable en tamaño, gasta cerca de $850 por cada residente. El presupuesto de Petersborough es de cerca de $675 por residente.

Los obreros de Acuña no están desamparados. De hecho, en una ciudad sin sindicatos formales, los trabajadores de Acuña han tomado muchas veces acción colectiva para protestar los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo. Con la ayuda del Comité de Servicio de los Amigos, ellos han incluso asistido a reuniones de accionistas de la compañía y se han reunido con los más altos ejecutivos. De esto han resultado algunas mejorías.

Pero la compañía continua resistiéndose a un aumento de salarios suficiente que permita a los padres comprar artículos escolares básicos para sus hijos. Trabajadores que han tratado de hacer valer sus derechos han sido despedidos y puestos en listas negras. En la vecina Piedras Negras, donde los trabajadores expulsaron a los líderes sindicales corruptos en una elección democrática, Alcoa ha conspirado con la vieja guardia para que los nuevos líderes no tengan poder. Mientras tanto, la compañía está construyendo una nueva fábrica en Nicaragua, donde los salarios son todavía más bajos.

La ayuda proporcionada por Mochilas a México es un motivo de esperanza. Después de todo, toma doce horas de trabajo juntar dinero suficiente para comprar una mochila, y aproximadamente cuatro horas para llenarla con un cuaderno y lápices.

De cualquier forma, luego de que una familia ha pagado por comida y otras necesidades, no queda nada para comprar artículos escolares. Los trabajadores mexicanos necesitan ganar un salario de vida por el trabajo que hacen, y las comunidades necesitan impuestos suficientes para pagar por las escuelas. Lo mismo podría decirse aquí.


Arnie Alpert, de Concord, es coordinador de programa de Nueva Hampshire para el Comité de Servicio de los Amigos (AFSC).

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