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Denver
Post Condiciones
en plantas Latinoamericanas son criticadas Por Kirk
Mitchell Grandes
empresas en Latinoamérica significa bajos salarios, condiciones
de trabajo peligrosas y despidos masivos cuando los trabajadores buscan
cambios, dicen algunos trabajadores extranjeros. "Ellos
no están allá para ayudarnos, están allá para
ayudarse ellos mismos", dice Bruno Meléndez Nava, quien ha
trabajado por 12 años en una planta de piezas para automóviles
mexicana propiedad de Aloca-Fujikura. "Nos tratan como animales.
Eso no es correcto". Meléndez
fue uno de varios empleados de compañías estadounidenses
que operan en Latinoamérica y que hicieron denuncias en el foro
contra grandes empresas el lunes en el campus Auraria, al comenzar la
conferencia de tres días de la Cámara de Comercio Internacional,
en Denver. Las compañías
estadunidenses que se mudan para Latinoamérica no pagan salarios
suficientemente altos para que los padres de familia puedan alimentar,
vestir y educar a sus hijos, dice Meléndez. Cuando representantes
sindicales tratan de organizar a los trabajadores para asegurar derechos
laborales mínimos, ellos son acosados y despedidos, dice. "No
estamos pidiendo nada extremoso, sólo les pedimos que respeten
nuestras necesidades", dice él. Meléndez dijo que fue
golpeado y desfavorablemente transferido al segundo turno luego de ser
elegido al liderazgo sindical de la planta. George
DeMartino, profesor asociado de economía en la Universidad de Denver,
dijo que las corporaciones comúnmente hablan de proporcionar prosperidad
y oportunidad a países pobres. Pero una cosa falta es sus presentaciones,
dice. "Nunca
le permiten a los trabajadores expresar sus opiniones", dice. En 1999,
140 activistas sindicales fueron asesinados alrededor del mundo; 3 mil
fueron arrestados y 1,500 fueron heridos, golpeados o torturados, dijo.
"A
menudo las cosas están arregladas en contra de los trabajadores
ya que los gobiernos ignoran sus propias leyes y acuerdos para satisfacer
las demandas de las empresas, que buscan maximizar sus ganancias",
dice DeMartino. Los problemas
de los organizadores sindicales no están restringidos a las naciones
pobres. Algunos líderes sindicales estadounidenses también
describen historias de horror. "Las
corporaciones harán todo lo que esté en su poder para que
los esfuerzos organizativos fallen", dice Chris Washburn de Denver,
quien es representante sindical de los Trabajadores de las Comunicaciones
de América. Si a
las compañías no les gusta un sindicato en particular, cierran
la planta y se van a otros estados o países, dice Washburn. Varias
compañías se han mudado a América Central o a América
del Sur, dice Fernando Terrazas Jr., minero del cobre y líder sindical
en Pueblo. "Todos
saben que no podemos competir con sus salarios", dice Terrazas. |