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Por los derechos humanos y laborales de los trabajadores de las maquiladoras

 
 
 
   
   
   
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cfomaquiladoras.org
Octubre 2004

Hirviendo bajo la superficie

Por Judith Rosenberg

Nuestra delegación de Austin Tan Cerca de la Frontera (ATCF) a Ciudad Juárez el fin de semana del 1 al 3 de octubre fue todo un acontecimiento para nosotros, ya que habíamos tratado de organizar una delegación para allá desde que el Comité Fronterizo de Obrer@s (CFO) nos invitó a que apoyáramos su trabajo en Juárez en el invierno del 2002. Desde 1999 hemos visitado al CFO en las ciudades del extremo oriente de la frontera Texas-México. Fue muy excitante encontrar evidencia en Ciudad Juárez, que está al extremo poniente de la frontera entre esos dos estados, de un movimiento de trabajadores que se conecta con Matamoros en el Golfo de México y con los puntos intermedios. 

El representante principal del CFO en Juárez es un abogado muy dedicado, Gustavo de la Rosa, cuyo compromiso con los trabajadores comienza desde su experiencia como estudiante y como testigo de las protestas estudiantiles en 1968 y de la matanza en la Plaza de Tlatelolco de la Ciudad de México. Gustavo ha juntado un comité de voluntarios del CFO, activistas locales y ex-trabajadores de maquiladoras que trabajan por su cuenta para auto-sostenerse. Uno de los ex-trabajadores está siguiendo todavía una larga y tortuosa demanda legal contra su antiguo empleador.

Uno de los mayores enfoques del CFO al organizar, y del aprendizaje de ATCF, ha sido siempre la ley, la famosa Ley Federal del Trabajo (LFT), de la cual me he enamorado. Ésta es verdaderamente un documento único en la tierra, un legado de la revolución mexicana en su meta por distribuir las riquezas y recursos más equitativamente. Aún cuando México no ha podido cumplir el potencial de su Constitución y de la LFT, esos monumentos avivan las luchas laborales y dan a los trabajadores herramientas y estrategias por medio de las cuales ellos forjan movimientos colectivos. En esto no dependen al final de un abogado sino más bien de ellos mismos. A veces logran una victoria legal y a veces no; más bien ellos ganan sus victorias en las calles o en las fábricas. Sin importar dónde, la solidaridad de los trabajadores hace la diferencia. 

Todos saben que condiciones diferentes requieren de estrategias diferentes, y el CFO tiene la suerte de contar con la enérgica dedicación del licenciado Gustavo y de su comité en Juárez, una ciudad que es agotadora y desafiante por muchas razones, por su tamaño y nivel de violencia por nombrar sólo dos.

Algo que escuché y miré sugiere que el potencial en Juárez para el estilo colectivo de movilización del CFO hierve debajo de la superficie de las empobrecidas colonias y líneas de ensamblaje. La movilización colectiva es el sello distintivo del CFO; la organización sabe cómo hacerlo, y le requiere de un muy grande esfuerzo y de mucho tiempo. Pero cuando esa movilización comienza a “estirar”, puede crear más poder y más alcance que un enfoque que buscase resolver casos legales de uno por uno. 

El comité local del CFO en Juárez ha tenido éxito ayudando a trabajadores a luchar en las juntas de conciliación por sus derechos plenos (indemnización completa, por ejemplo) en vez de aceptar las migajas que los empleadores ofrecen. En otras partes hemos visto que es un paso difícil, pero necesario, el encontrar trabajadores dispuestos a luchar por sus derechos y persistir en contra de la intimidación y de su propio “temor laboral”. Le pregunté a uno de esos trabajadores, de nombre José, que está luchando contra una maquiladora por su indemnización, y luego de una extraordinaria serie de trucos sucios de la compañía, dónde encuentra él tanto valor. Su respuesta fue aleccionadora: "vengo de Veracruz y sé cómo deben ser las cosas, porque ahí trabajé en un sindicato que sí representa a los trabajadores".

Todavía más instructivo es el caso de Ramiro Gutiérrez. Cenamos con él y su esposa Rosita y su vecina Ruth en la casa de ellos en la Colonia Estrella del Poniente, en una colina desde donde se mira la ciudad. El lic. Gustavo representó a Ramiro en un caso de indemnización. Ramiro nos contó de problemas con su nuevo empleador, una compañía coreana que no proporciona equipos básicos de protección, como soportes para la espalda y zapatos de seguridad. Alguien le preguntó: “¿Por qué no se juntan y piden equipo de protección?”. Ramiro estimó que 15 o 20 trabajadores lo pedirían con él, "pero eso no es suficiente, tienen que ser todos los de mi turno, somos 800". Para darnos una idea de lo que quería decir, nos contó la historia de los trabajadores de Zenith en Reynosa y de su huelga en 1982, de la cual él formó parte. Yo no podía creer a mis oídos. Antes había ya escuchado la historia desde una perspectiva un poquito diferente.

Los problemas habían comenzado en Reynosa cuando los trabajadores de Zenith descubrieron que la compañía de electrónicos pagaba a los trabajadores de Matamoros salarios más altos por el mismo trabajo. "Demandábamos el mismo salario", dijo Ramiro. "El sindicato no nos quiso ayudar pero los trabajadores nos unimos. Llamamos a un paro de una semana y la planta se cerró. El líder del sindicato decía: ‘regresen a trabajar’, pero queríamos algo por escrito de Zenith... El líder vino a hablar con nosotros una vez y lo encerramos en la fábrica. Su esposa y su hija tenían que venir a traerle comida".

El contexto de la historia y su moraleja es que Ramiro aprendió sobre el poder de la solidaridad, cómo ésta trabaja, qué significa y lo que puede hacer. Él hizo que nuestra reunión binacional allí en las colinas de Estrella del Poniente pareciera como una sesión de entrenamiento en el corazón del territorio CFO.

María Elena García, originaria de Reynosa, fue la primera persona a la que escuché hablar de la huelga de Zenith en 1982. Ella era una adolescente en esa época; su madre fue una de las trabajadoras y activistas. Ahora en sus treintas, María Elena trabaja de tiempo completo como organizadora del CFO y no tarda en decir que el activismo de su madre es su inspiración, y que la huelga de Zenith fue su despertar temprano. María Elena recuerda estar preparando la comida y traerla a los huelguistas. ¿Dónde compró los víveres?, a lo mejor preparó comida que comerciantes locales dieron gratis a cualquiera que mostrara un recibo de pago de Zenith. Ramiro nos comentó que se dio esa forma de apoyo.

Aún cuando Zenith eventualmente traicionó a los trabajadores —despidió a algunos de sus líderes y envió a otros a otras diferentes plantas— la huelga marcó a varias generaciones de trabajadores y les enseñó las posibilidades de la solidaridad. Veintiún años después, el trabajo de María Elena refleja esa lección. En octubre del 2003, luego de dos años de confrontar las prerrogativas del poder —retrasos, desaprobaciones y maniobras escondidas—, María Elena, como organizadora del CFO, guió a 14 mujeres a una victoria legal contra Delphi, una subsidiaria de GM y, después de Wal-Mart, la segunda más grande empleadora extranjera en México. El caso hizo historia ya que las mujeres se convirtieron en las primeras trabajadoras en ganarle al gigante de autopartes para vehículos. Veinte mujeres comenzaron el litigio, seis se retiraron a mitad de camino. María Elena guió al resto a sobrepasar todos los obstáculos, especialmente el peor de todos: sus propias dudas. De las que quedaron, cada una ganó el equivalente de $8,000 dólares. Otros dos abogados honestos de la frontera, el lic. Fonseca y el lic. Zepeda, ayudaron con el caso legal; pero la hija de una activista de Zenith fue quien creó y ejecutó la estrategia que hizo posible ese éxito. La continuidad en el tiempo, los vínculos en el movimiento, nos ayudan a entender que en la confrontación, la principal victoria tiene que ser el lograr solidaridad. La solidaridad no puede ser derrotada, borrada u olvidada.

Conté la historia de Maria Elena durante la cena en casa de Ramiro. Esa historia define para mí todo el espectro del drama laboral que se desarrolla en la frontera. Por un lado vimos dedicados abogados, profesionales de la clase media aliándose con trabajadores y buscando ganar decisiones en las juntas; por otro lado encontramos trabajadores que utilizan las leyes directamente ellos mismos. Pelean por leyes que sus ancestros escribieron para ellos. A veces ganan, a veces no, y el costo para cada individuo puede ser muy grande. Pero en otro nivel ellos ganan de cualquier forma, porque el movimiento gana.

Mientras nos apretábamos afuera de la casa de Ramiro, bajo pedazos de madera que nos cubrían del sol, mezclándonos con el resto de gente, y sirviéndonos de comer, conocimos a su vecina Ruth, una mujer que vestía una playera con el nombre y logotipo de un grupo de vigilancia vecinal. Resultó que Ruth es una emprendedora en la economía informal de Ciudad Juárez. En su casa ella vende ropa que compra a bajo precio en El Paso; también cuida al hijo de Ramiro y Rosita cuando ellos trabajan, quizás ellos le pagan algo. Su segunda ocupación complementa la primera. Ruth organiza a la comunidad y representa a gente en negociaciones con autoridades para tener electricidad, agua y pavimentación. Ella organizó una vigilancia de vecinos en la colonia como protección contra el crimen. En otras palabras, es una líder auto-seleccionada, en quien la comunidad confía. Tiene exactamente las mismas destrezas y compromiso que encontramos entre las líderes del CFO en las ciudades fronterizas del lado del Golfo. Y es una mujer: una voz resonante y un modelo ejemplar en un sistema social que explota salvajemente a las mujeres.

Esta delegación nos dio por lo menos tres razones para tener esperanzas de que el modelo organizativo del CFO puede echar raíces y dar una contribución incluso en Ciudad Juárez. Una razón es la nueva relación que ahí se hizo entre la Escuela de Derecho de la Universidad de Nuevo México –un profesor de leyes y seis estudiantes estaban en la delegación– y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde Gustavo de la Rosa es profesor. Otra es la energía y compromiso del pequeño grupo de voluntarios del CFO en Juárez. La tercera es su contacto con una franja de la base llena de energía.

O como yo digo: “¡La Ley Federal del Trabajo vive!”

 

Traducción: Zoraida Ossa para cfomaquiladoras.org

 

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